A qué agarrarse

  • El Málaga se mide casi sentenciado al Real Madrid buscando incentivos para no bajar los brazos antes de tiempo (20:45)

  • Se espera lleno en La Rosaleda para recibir a los de Zidane

17 puntos en 31 partidos. 14 respecto a la salvación y prácticamente a dos semanas de conocer la sentencia. A qué se pueden aferrar el Málaga y el malaguismo cuando su destino ya está escrito. Es buena pregunta, toca responderla en el campo; el único sitio donde por lo pronto tiene alguna posibilidad (por nimia que sea) de sacar buenas noticias el cuadro costasoleño. Ganar al Villarreal fue un gustazo y hasta dio pábulo a las cábalas de alguno. Vuelta a la realidad llega el Real Madrid (20:45, Movistar Partidazo) de resaca europea, ante el que José González puede volver a sacar el "¿y si?". Todos locos, aunque, ¿y si…?

El día a día del Málaga se ha trasladado del césped a los despachos. Este viernes a mediodía regresaron los hijos de Al-Thani que habían pasado un tiempo fuera: Nasser, Rakkan y Hamyan, que se unieron a Nayef, quien permaneció estas últimas semanas en la ciudad. Lo hicieron sin su padre, que no tiene visos de venir por la Costa del Sol ni a corto ni medio plazo. El propietario conoce ya que el juicio con BlueBay por el control del club será en diciembre y tuvo una Semana Santa bastante ajetreada en plena batalla dialéctica con las instituciones. A ello se suma la paralización de las obras en Arraijanal, lejos aún de avanzar a causa de las protestas de asociaciones de cada vez mayor entidad.

El cóctel es tremendo, porque la planificación deportiva de la próxima temporada anda también al ralentí. Husillos no encuentra entrenador para el curso que viene y ya recibió el no de alguno como Muñiz, al que se ponía de cabeza de cartel en la agenda del director deportivo. Con el juicio con BlueBay sito en diciembre, los nubarrones en el horizonte son gigantes. Por eso, después de tanto palo y amargura, habrá que dar por buenos los placebos que se echen a la boca.

Lo primero es que ir a La Rosaleda no sea un suplicio. Hoy el estadio estará hasta la bandera; ayer apenas quedaban unas 200 entradas a la venta. Se une que tras una semana gris y plagada de lluvias se espera también una tarde-noche plácida; ayer fue buen preámbulo. Se dan condicionantes, aunque sí chirría -no extraña- que pese a los números un vistazo rápido por Internet preocupe sobre qué nivel de blanco y qué nivel de azul habrá en Martiricos con tanto trasiego de chapas y bolígrafos.

Al Málaga sí se le ha visto este curso que en partidos cerrados y consistentes en el orden y la salida tiene, por mínima que sea, cierta eficiencia. Ante un Celta muy pobre pudo sacar el empate y su imagen no ha sido mala en escenarios como el Wanda Metropolitano o precisamente el Santiago Bernabéu. Allí se empató hasta dos veces un partido que se llevaría el Real Madrid con un tanto de Cristiano Ronaldo avanzada ya la segunda mitad, pero replegando y tirando de un par de individualidades de Rolan y Chory se puso en serios aprietos al equipo de Zidane, que esta temporada se dejó en Liga en cuanto vio al Barcelona tomar una distancia inalcanzable. Es el peligro, que por mucho que venga con el desgaste de la Champions y abandonado en el torneo doméstico, no deja de ser el Madrid y quiere rehacerse para al menos ser tercero, aprovechando para recuperar la plaza tras la derrota de ayer del Valencia.

Los que en la Castellana sacaron las castañas del fuego hoy están tocados, eso sí. Llegan justos al partido, como la línea defensiva, pero habrá que ponerle al menos fe. Partidos como este son el incentivo. Dar una sorpresa vale como placebo.

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