El derbi más desangelado

  • Sandro rompió el silencio de La Rosaleda en la segunda peor asistencia de la temporada

Un grupo de aficionados aguantando el chaparrón. Un grupo de aficionados aguantando el chaparrón.

Un grupo de aficionados aguantando el chaparrón. / JAVIER ALBIÑANA

La Liga pudo idealizar el horario para el Málaga-Sevilla. Derbi andaluz en el día de Andalucía, un buen caramelo con mejor envoltorio. Nada más lejos de la realidad, el partido fue uno de los enfrentamientos más grises de los últimos años entre ambos conjuntos por muchos factores. El principal, la grada. La lluvia, el horario intersemanal pese al festivo y la situación que atraviesa el equipo afectaron hasta el punto de que La Rosaleda registró su segunda entrada más baja de la temporada con 15.516 aficionados en un partido que históricamente ha dejado siempre buenas estampas del coliseo blanquiazul.

La asistencia media esta temporada es de 21.170 espectadores, y el dato es que tan sólo en cuatro ocasiones -contando esta- se ha estado por debajo de los 20.000. La primera fue ante el Celta el 29 de octubre (domingo), donde solo 17.454 personas presenciaron el estreno del Málaga como ganador. Después, el anodino 0-0 ante el Levante del 1 de diciembre (viernes) lo vieron 18.172 aficionados, mientras que ante el Espanyol (8 de enero, lunes) se dio el número más bajo con 12.357.

Pese a la baja asistencia no hubo mal ambiente cuando el Málaga dio motivos para empujar, pero equipo y aficionados bajaron los brazos con cierta resignación durante los últimos minutos del partido. El único que hizo romper el silencio sepulcral en que terminó La Rosaleda fue Sandro, que desde el momento en que salió del banquillo para calentar centró las iras del malaguismo.

En cuestión de meses, el canario ha pasado de héroe a villano. La temporada pasada fue el máximo goleador del equipo, pero su salida al Everton con una baja cláusula de rescisión y tras rechazar la propuesta del Málaga no fue bien recibido por la afición, que tampoco parece haber aceptado su marcha al Sevilla. Sandro saltó al campo en el minuto 78 entre una sonora pitada que se repitió en cada ocasión que contactó con el balón.

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