Si hay dignidad...

  • El Málaga visita a un Celta que se aferra a Balaídos para seguir creyendo en Europa

  • Perder dejaría al equipo a 14 puntos de la salvación

  • Resignados, se exigen actitud y compromiso

El Málaga está a más puntos de la salvación de los que tiene . A 14 del Levante por los 13 que hay en el casillero. Los datos cantan y el ridículo está hecho; el optimismo estaría pasado de rosca pese a que las matemáticas aún nieguen la evidencia, así que en esa especie de duelo malaguista, entrados ya en la definitiva fase de aceptación -o más bien resignación-, salvar el honor es lo que queda. Y eso no es un discurso vacío, no son palabras que caen en saco roto. Es competir desde hoy y hasta el 20 de mayo como el primer día. Si hay dignidad, así será.

Es una temporada de bucles, idas y vueltas. De creer y maldecir, de morir y resucitar. Para esto último, tristemente, casi no hay hueco. José González cogió de las manos de Míchel y una planificación deleznable al Málaga a siete puntos de la permanencia, pero tras nueve partidos y ocho fichajes se ha doblado la distancia. El equipo recibió la puñalada definitiva en aquel gol anulado a Diego González contra el Valencia y el luto entró en la fase de negación. Vivió en una conmoción que lo atenazó en Leganés y que tras semanas de cambios y culpas lo lleva a querer seguir adelante, pero sabiendo que lo perdido, perdido está.

Da la impresión en el entorno que el fútbol ha pasado casi a un segundo plano porque lo que se empiece a planificar será tiempo ganado. Esto no implica entregar la cuchara y el Málaga se enfrenta al imposible en Balaídos (18:30, BeIN LaLiga) para al menos frenar la sangría y dejarla en 11 puntos con la salvación. No será un escenario sencillo, el Celta viene de recibir un importante golpe ante el Atlético (3-0) y el mensaje que se ha trasladado desde el cuadro vigués es de alerta. De partido trampa. Los objetivos de ambos son bien diferentes y el equipo de Juan Carlos Unzué aparece con los dientes bien afilados para seguir enganchado al tren de Europa, que se podría escapar con cualquier tropiezo.

El ambiente es de final tras final. Contrasta con esa resignación de La Rosaleda, que quemó todas sus naves en noviembre y ya no encuentra motivos en el césped para mantener el colorido. El Celta comunicó que abriría la grada de Gol a las peñas que quisieran agruparse allí para concentrar la animación en focos más grandes y hay convocado un recibimiento al autobús del equipo. Detalles que indican el todo o nada al que se la quiere jugar el cuadro celeste.

Sin Daniel Wass, aparecen Lobotka, Tucu Hernández y Radoja para llevar el equipo, que no se va a dejar nada en el banquillo. Iago Aspas, afectado durante la semana por una molestias de rodilla, ha forzado para estar en el once junto a Maxi Gómez. 29 goles suman entre ambos -por los 16 que ha metido el Málaga-, a los que se añade Emre Mor como actor de reparto con aspiraciones a protagonista. Por lo pronto le ha cogido el sitio a Pione Sisto, que la pasada temporada causó buena impresión, tras un arranque difícil.

El Málaga viajó ayer con un plan algo atípico. Rompió su rutina para salir en el vuelo chárter a las 14:00, lo que obligó a trabajar a contrarreloj al equipo durante toda la mañana. Comparece en Balaídos con lista de 19 por la duda de Recio, que regresaba ya recuperado de un esguince de rodilla. No por lesión, sino por un motivo bastante alegre: su inminente paternidad por segunda vez. Más allá, regresa Keko tras ser el señalado ante el Valencia hace ya un mes y vuelve a aparecer Borja Bastón, que vistió sus últimos minutos de blanquiazul contra el Girona. No se pueden esperar demasiadas novedades, el técnico no abre la puerta a ello. La esperanza es que quien salte lo haga, si hay, con dignidad.

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