Los milagros se buscan

  • El Málaga recibe intentando olvidar sus complejos a un Barcelona que mira de reojo el compromiso con el Chelsea

  • La Rosaleda colgó hace varios días el 'no hay billetes'

La Rosaleda estará llena, la esperanza es que sea de malaguistas, para recibir al Barcelona. No obstante, nunca gustan estos partidos cuando las circunstancias no animan. Para el envalentonado es una oportunidad de exhibición; para el acomplejado no pasa de visita al dentista. El Málaga encaja en el segundo grupo, pese a que hace menos de un año estuvo en el primero, y hoy (20:45, Movistar+ Partidazo) su objetivo es tapar sus vergüenzas con trabajo, no hay más. Porque los milagros, de existir, hay que buscarlos. Y pese a que el equipo de Valverde asoma por la Costa del Sol mirando de reojo al Chelsea, con el que juega el miércoles, el cartel de invicto impone.

Lo más difícil de tragar de estos compromisos es lidiar con el juego del puente aéreo Madrid-Barcelona. El líder se enfrenta al colista, con el que en este mismo escenario se dejó un cuarto de Liga hace menos de un año, y no va a ser particularmente divertido aguantar al de turno que se plantea con un aire de revancha un partido que no tiene absolutamente nada que ver con el de la pasada temporada.

El Málaga parecía tener la fórmula para incordiar a Busquets, Messi, Suárez y demás. Sucede que ni los elementos ni el clima tienen que ver. El equipo de Míchel llegó aquel día enganchado y disfrutón, con Sandro, Camacho y Fornals liderando un grupo desatado desde esa victoria balsámica en Gijón; unos tres puntos que revivían a cualquier muerto y que este curso nunca aparecieron. Los está echando de menos el Málaga, al que se le hace tarde para reaccionar. Y eso que parecería imposible en cualquier otro universo que hubiera algún atisbo de vida con 13 puntos de 81 posibles, pero aún sigue la permanencia a ocho porque ni Las Palmas ni Levante han sido capaces de dar la puntilla. Y menos mal.

A ese hilo minúsculo de esperanza se aferra el Málaga. Y por eso partidos como el de hoy son más un estorbo que una oportunidad; porque no tienen cara de ser un nuevo Gijón para el cuadro costasoleño. Quizá sí, los caprichos del fútbol son imprevisibles dice el discurso romántico; sin competir no habrá forma de saber si el equipo de José González pudo o no soñar. No habrá motivo para que el gaditano rescate otro día el condicional que utiliza para justificar el nulo avance del equipo durante semanas.

"Y si", se repitió José en Leganés. "Si hubiéramos ganado a Las Palmas", "si hubiéramos tenido el 2-0 ante el Valencia", "si metemos el penalti al Athletic". Otro Málaga sería, seguro. Pero no lo hizo y eso es lo único tangible en este deporte. Por eso lo que le resta al equipo es librarse de sus complejos, salir suelto y limpio de temores. Aunque resulte contradictorio, es a lo que invita la situación. A despreocuparse, porque no hay nada que perder. No hay más fondo del que hace tiempo pisa el Málaga.

Tomando el compromiso con esa mentalidad, puede ayudar que los de Valverde se planten en La Rosaleda viéndolo también como un trámite. El Barcelona ya jugó el miércoles la Supercopa de Cataluña y dejó algunas pistas de lo que hoy podrá aparecer sobre el césped costasoleño con un once plagado de canteranos y suplentes. No será tan drástica la medida, pero sí que se esperan rotaciones en el cuadro catalán esperando al Chelsea.

Vermaelen, Digne, Paulinho o André Gomes son algunos de los que aspiran al once o a minutos en el Barcelona. También Coutinho, al que se toma por seguro de entrada contando que la normativa le impide jugar en Champions esta temporada. No suena a segunda fila este último, que de paso ya conoce lo que es jugar contra el Málaga e incluso marcarle hace seis años, cuando no era más que un proyecto de jugador en el Espanyol. Ese día hubo final feliz, remontó el equipo de Pellegrini en Cornellá. Pero una vez más, poca relación con aquello guarda el Málaga de hoy.

Con el romanticismo no se gana. Con pesimismo tampoco. Cabeza alta y valor es lo que les queda a los de José González, que buscan argumentos para seguir creyendo en que el Málaga aún no ha dicho su última palabra. Cuanto menos ronde el descenso por las cabezas malaguistas, más opciones. Y valor y trabajo, que una vez más los milagros no llegan: se buscan.

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