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Los padrinos de Bueno

  • Tanto Míchel como Mandiá fueron entrenadores del delantero madrileño

  • El visto bueno del presidente Al Thani se espera que llegue en breve

  • Ya pasó el reconocimiento médico

Juan Carlos Mandiá y Míchel, técnicos del Málaga, charlan durante una sesión en La Rosaleda. Al fondo, en segundo plano, Husillos y Antonio Benítez. Juan Carlos Mandiá y Míchel, técnicos del Málaga, charlan durante una sesión en La Rosaleda. Al fondo, en segundo plano, Husillos y Antonio Benítez.

Juan Carlos Mandiá y Míchel, técnicos del Málaga, charlan durante una sesión en La Rosaleda. Al fondo, en segundo plano, Husillos y Antonio Benítez. / javier albiñana

"Si la chiquita de Mariquita Pérez tuviera un buen padrino, los productores que saben de mujeres le darían un papel", decía Joaquín Sabina en un fragmento de Barbi Superstar, uno de los títulos más recordados de su celebérrimo 19 Días y 500 Noches. Y no le faltaba razón al maestro de Úbeda en eso de que en la vida siempre ayuda tener a alguien que te abra la puerta. Aunque si nos traemos el caso hasta la seca ribera del Guadalmedina, podemos encontrar otro tipo de padrino futbolístico. Porque Alberto Bueno no será un elemento extraño en el vestuario del Málaga, por mucho que sea la primera vez que lo pise como local. Cuando mire a unos y a otros, se transportará a un lugar mejor, a los primeros pasos en el mundo del balompié profesional. Antes de alcanzar la veintena, ya había sido entrenado por Míchel y por Juan Carlos Mandiá.

A los 18 años, cuando defendía los colores del Real Madrid Castilla, recibía las órdenes de Míchel. Ahí compartían ambos sueños y ambiciones, cada uno en su campo. Abrir las puertas del Santiago Bernabéu. Algo más de una década -y mil aventuras- después, van a volver a verse en un vestuario. Eso en cuanto el presidente Abdullah Al Thani dé su consentimiento para dejar la operación por concluida.

Pasan las horas y no llega el visto bueno del jeque, pero en el club no existe la sensación de riesgo, simplemente entienden que son los tiempos clásicos del dueño de la entidad. Bueno ya pasó el reconocimiento médico antes de que finalizase 2017 y pronto llegará a la Costa del Sol. Falta la oficialidad para que se convierta en el tercer refuerzo invernal del Málaga cedido por el Oporto. Pero estábamos con lo que se va a encontrar en el vestuario. O quizás el término más correcto sería reencontrar.

Porque si tuvo a Míchel en el Castilla en Segunda, un año después tuvo a Mandía en la misma casa aunque una categoría inferior. Con el actual ayudante blanquiazul comenzó a tener más continuidad. Una década más tarde, los tres volverán a defender idénticos colores.

No sólo tendrá apoyos a nivel de banquillo, también en el vestuario. Conoce de sobra a Miguel Torres y Adrián González de su etapa blanca. Lo mismo que a Juankar, con quien llegó a coincidir diez minutos en un partido de Segunda B en su tercer y último año como jugador blanco.

Ya como jugador del Valladolid fue compañero de Keko, recién salido de la cantera del Atlético de Madrid. De Pucela fue a Vallecas. En sus dos años como rayista volvió a estar en el mismo bando que Adrián González. Hecho el repaso, es obvio que le sobran padrinos a Bueno. Hay que recordar que es un futbolista que lleva tiempo sin competir en la élite pero que el Málaga necesita para rendir desde el prime momento. Así que cualquier ayuda será bienvenida por su parte. Eso sí, en el fútbol manda el verde y Bueno tendrá que hacer honor a su apellido por sí mismo. Ahí, no hay padrino que valga.

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