Liga Santander

El Día de la Infamia (0-3)

  • El Málaga se arrastra ante un Alavés lleno de canteranos y que se paseó por La Rosaleda

  • Centenares de niños viven en directo el enésimo esperpento blanquiazul

Varios jugadores se lamentan tras encajar uno de los tantos. Varios jugadores se lamentan tras encajar uno de los tantos.

Varios jugadores se lamentan tras encajar uno de los tantos. / Marilú Báez

No se deberían permitir las cintas de terror en horario matinal. Pero así es el Málaga, que emite una de John Carpenter cada jornada. Lo que sucede es que ante tantísimos niños queda perverso. El Día de la Infancia fue el Día de la Infamia.

 Es difícil, no obstante, esperar algo más de este Málaga pusilánime e irrespetuoso con la dignidad del deporte de élite. Es imposible salir con menos tensión a un campo de fútbol, es imposible querer menos a una profesión.

En menos de tres minutos ya se había adelantado el Alavés en el enésimo disparate de Roberto Rosales en su propia área, amargando a Andrés Prieto su gran día. El venezolano centró parte de las iras de la afición.

Afición que fue más escasa que en otras citas. Domingo, día de las madres y un sol maravilloso, razones más que potentes para escoger no sufrir en directo lo que el Málaga ofrece. Sobre todo porque se intuye lo que puede ocurrir.

El Alavés bajó el pistón y trató de intimidar a la contra, si bien la única ocasión seria que tuvo la frustró Andrés, parando por bajo un disparo franco de Torres. El Málaga gozó de algunas buenas oportunidades, pero casi siempre la torpeza de Ideye limitó los daños.

 Llegó la segunda parte y, en lugar de mejorar las sensaciones, el descalabro fue máximo. Un par de amagos de pegada por parte del Málaga y luego el show de Alavés, que terminó llevándose los pocos aplausos que regaló La Rosaleda.

Demirovic, tras un balón de Ibai a la espalda de la defensa, se plantó delante de Andrés y le batió con una suerte de vaselina que Miquel trató de sacar a la desesperada sobre la línea.

Estaba de dulce Ibai, que prácticamente un suspiro después marcó un golazo que la afición del Málaga, la que quedaba en el campo, aplaudió con sinceridad. Una rosca infinita de la escuadra del área a la escuadra de la portería. Imposible para Andrés. Casi repite el vaso en los instantes finales, pero la mirilla se le torció levemente.

El debutante Andrés, que poco pudo hacer en los goles, se libró de la quema con una parada de reflejos a Burgui, que había cabeceado con la maldad suficiente para firmar el 0-4.También tuvo tiempo un desesperado Rosales, que llevaba todo el partido siendo perseguido por su afición, de hacer una entrada durísima sobre Burgui. Un gesto que no hizo sino afear aún más el partido del Málaga.

No merecían esto los centenares de niños que acudieron a vivir en directo el partido. El Málaga arrastró el escudo una vez más y, no contentó con eso, lo pisoteó.

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