La plaza que marcó el pulso

  • La céntrica Plaza de la Constitución de la capital acogió uno de los primeros pasajes comerciales de España que modificó el concepto del comercio urbano a mediados del siglo XIX

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La que hoy en día se conoce como la Plaza de la Constitución, y está considerada como una de las más emblemáticas de la ciudad por la principal entrada al casco antiguo desde la calle Larios, albergó durante más de un siglo uno de los pasajes comerciales más antiguos de toda España. Era conocido como Pasaje de Heredia porque era propiedad del destacado industrial Manuel Agustín Heredia y fue construido sobre la antigua cárcel de la ciudad en 1837 marcando el comienzo de una etapa diferente en el urbanismo local al introducir una tipología que aunaba las funciones residenciales y comerciales mediante una estructura viaria particular que aumentaba la fachada comercial, con tiendas y negocios que superaban los conceptos gremiales de épocas anteriores.

La foto recoge en primer plano la fachada principal de este pasaje, que acaba de ser rehabilitado y que se ubicaba en el centro de la plaza en un ambiente de postguerra con secuelas de la guerra civil que aún se evidenciaban en detalles como el gran letrero que todavía se ve en el tejado con la frase Viva España. En esa época se llevaron a cabo las obras de reforma del bajo comercial, ocupado entonces por una conocida tienda, Marmolejo, que años después se transformó en Espejo Hermanos, firma que durante décadas tuvo abierto su negocio en los bajos de este pasaje. Este conjunto formado por cuatro edificios separados por una estrecha vía peatonal privada en forma de cruz fue construido por iniciativa del industrial y comerciante Manuel Agustín Heredia sobre el solar de la antigua cárcel, demolida en 1835, y fue terminado en 1837.

Según el historiador Víctor Heredia marcó el comienzo de “una etapa diferente en el urbanismo local manifestado a través de un nuevo concepto de espacios de venta y exposición en el que los escaparates pasaban a ocupar parte central”. Este proceso alcanzó su punto álgido con la apertura de la calle Larios, que se configuró como una vía comercial que expandió su influencia hacia las vías adyacentes hasta conformar un área de alta densidad comercial. Ya en el siglo XV, el arqueólogo Javier Noriega aseguró que la antigua Plaza Mayor comenzó a ejercer sus funciones como eje y centro de toda la actividad política y social que se desarrollaba en la ciudad, también conocida por el nombre de la plaza de las Cuatro Calles o plaza Pública en la época nazarí, para pasar a llamarse en 1812 la plaza de la Constitución.

A lo largo de su historia ha cambiado con frecuencia su aspecto, tanto en sus edificios que sufrieron algunas demoliciones en el siglo XIX como en el establecimiento en la plaza de distintos organismos que han ido ocupando su suelo, como el Ayuntamiento que estuvo en ella instalado hasta 1869, la Audiencia, la cárcel o la Casa del Corregidor que tuvieron allí su sede.

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