El teatro que enterró un secreto

  • Las edificaciones adosadas a la Alcazaba ocultaron durante siglos la existencia del teatro romano que fue construido en el siglo I y que demuestra la importancia que tuvo la ciudad

Sin la demolición en los años 20 del pasado siglo de las edificaciones que durante décadas estuvieron adosadas a la Alcazaba, la historia sobre el origen de la ciudad hubiera seguido enterrada durante siglos. La calle Alcazabilla dejó de ser una vía estrecha y angosta para convertirse en una enorme explanada en la que se abría una nueva posibilidad de crecimiento de la zona. En los solares resultantes, entre la ladera de la Alcazaba y las callejuelas de la Judería, se plantearon entonces diversos proyectos para cambiar la fisonomía de la calle. Pero la Guerra Civil hizo olvidar estos planes y en la inmediata postguerra se construyeron varios edificios de estilo autárquico junto con el cine Albéniz, que fue inaugurado en 1945.

La Administración se reservó una parcela para edificar el pomposamente denominado Palacio de Archivos, Bibliotecas y Museos, que fue más conocido como la Casa de la Cultura. Este edificio, diseñado por el arquitecto Luis Moya Blanco, fue levantado en el solar más próximo a la Alcazaba, que en aquellos años estaba siendo objeto de obras de recuperación tras la desaparición del barrio marginal que albergaba en su interior. Durante su construcción debieron aparecer restos del teatro, pero el historiador Víctor Heredia aseguró que “su descubrimiento fue silenciado”, y no fue hasta que se llevaron a cabo las obras de explanación de la parcela que iba a destinarse a los jardines delanteros de la Casa de la Cultura cuando se localizaron restos arqueológicos de cierta magnitud. Sólo eran visibles unos cuantos sillares de piedra de las filas superiores de la grada, que apenas sobresalían sobre el terreno después del derribo de las viviendas adosadas a los muros de la Alcazaba.

La prensa local publicó en junio de 1951 la noticia de que se había descubierto un acceso romano a la ciudad y poco días después se comprobó que en realidad era una de las puertas de un teatro romano. Las obras de la Casa de la Cultura continuaron por decisión política, “a pesar de la clara importancia de los hallazgos” y el edificio fue inaugurado por el propio general Francisco Franco en 1956, dijo el experto. Con el handicap de tener una parte de su superficie ocupada por el edificio autárquico, el teatro fue excavado, reconstruido parcialmente y reutilizado con fines escénicos desde la misma década de los cincuenta. Los festivales de teatro grecolatino que desde 1959 organizaba Ángeles Rubio Argüelles fueron decisivos en este sentido y en ellos participaron actores y actrices como Fiorella Faltoyano, Raúl Sénder, Tito Valverde, María Barranco o Antonio Banderas.

Hasta ahora se ha podido determinar que el teatro, de medianas proporciones y que testimonia la importancia que adquirió la ciudad en la época imperial romana, fue construido en el siglo I, que estuvo en uso hasta el III y que posteriormente fue ocupado por una factoría de producción de garum, salsa de pescado muy apreciada en el mundo romano y que era producida en todo el litoral andaluz. Sin embargo, más tarde fue abandonado, cubierto y cayó en el más profundo de los olvidos hasta mediados del siglo XX.

Después de una larga polémica, en 1994 la Casa de la Cultura fue derribada y se abrió la posibilidad de recuperar íntegramente el Teatro Romano malacitano. Aún así, Heredia explicó que las excavaciones arqueológicas y los trabajos de restauración se han prolongado en diversas etapas hasta la actualidad. Prácticamente concluidas las obras y dotado de un centro de interpretación inaugurado en 2010, sólo cabe esperar que el escenario del teatro vuelva a acoger representaciones dos mil años después.

La peatonalización de una céntrica calle

El derribo de las casas adosadas a la Alcazaba permitió crear un eje de comunicación entre la calle Victoria y el Palacio de la Aduana y el Parque, que a partir de entonces y hasta hace diez años fue una de las calles con más densidad de circulación de la capital. La apertura del túnel de la Alcazaba en el año 1999 fue lo que permitió la peatonalización de la vía, que en la actualidad se encuentra en la última fase de su reforma. Las obras está previsto que terminen en los próximos meses.

Una pirámide presidirá la vía

Una impresionante pirámide de cristal, de tres metros de altura y una base de 16 metros cuadrados, se convertirá en el eje central de la calle Alcazabilla del centro histórico de la capital. Su función será la de potenciar el atractivo de los restos arqueológicos hallados, unas piletas de garum, en el subsuelo de la calle e integrados en el conjunto monumental del Teatro Romano.

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