Una historia del cante flamenco

  • La folclorista Carmen García-Matos publica una historia del cante flamenco que analiza la presencia de la voz femenina en este arte, como intérprete y creadora

Este libro, al margen de su pertinencia, parte de un malentendido. La afirmación con la que se inicia la obra, y de la que el libro pretende ser refutación: "en alguna ocasión se ha afirmado que la mujer no está dotada como el hombre para cantar flamenco". Jamás he escuchado dicho comentario en los ambientes jondos. Además, debemos tener en cuenta que La Niña de los Peines está considerada por la mayoría de los aficionados como la cantaora más completa y brillante de la historia.

Al margen de la tesis, este libro es un ameno recorrido por la historia del flamenco centrado en la actividad compositora e interpretativa de la mujer cantaora. Algo así como lo que hizo Carmen Linares en La mujer en el cante (1997). Eso sí, lo que funcionó a nivel artístico hace unos años no lo hace tanto en lo ensayístico hoy, por lo que La mujer en el cante flamenco, nombre del libro que reseñamos, es una historia parcial en la que echamos de menos no sólo la aportación masculina y la interacción e influencias entre los intérpretes, sino también el contexto o los contextos estéticos en los que surgen o en los que cristalizan intérpretes como la Niña de los Peines, La Trini o la propia Carmen Linares. El libro es una historia aparte y, como tal, creo que contribuye más al alejamiento y la incomunicación. Con todo ello, no dudo de que pueda ser necesario y/o útil.

La mujer en el cante flamenco es un recorrido, con un ojo cerrado, por la historia del flamenco. Una historia convencional de este arte y centrada en las figuras femeninas de la misma. Carmen García-Matos inicia pues su obra haciendo nómina de tonadilleras famosas, es decir, las artistas más destacadas del periodo preflamenco, esa etapa en la que el fandango se mezclaba con la tirana y la playera con el zapateado, el zorongo y el olé. Es decir, el caldo de cultivo de bailes nacionales y castizos que daría lugar, primero, a la escuela bolera y, más tarde, con otros presupuestos estéticos, al flamenco.

Pasa más tarde la autora a analizar la presencia de la mujer cantaora en las gacetillas y publicaciones de prensa de la segunda mitad del siglo XIX, es decir, en los albores de este arte. En este capítulo tiene una presencia destacada el análisis que García-Matos lleva a cabo de obras tan fundamentales para conocer la historia primera de este arte como las Escenas andaluzas de Estébanez Calderón, así como otros textos costumbristas menos conocidos.

El tercer capítulo del libro, siguiendo el curso de una historia del flamenco al uso, se ocupa de los cafés cantantes con nombres como La Rubia, La Parrala, La Bocanegra, Enriqueta Macaca, La Serrana y La Cartagenera. Todas ellas intérpretes excepcionales, y muchas compositoras, ya que estamos en la época de creación del repertorio flamenco. No obstante, el libro dedica un capítulo aparte a esta faceta de creación de la mujer flamenca.

La parte dedicada a la ópera flamenca, es decir, entre los años 20 y 40 del siglo XX, da cuenta del fenómeno de las Niñas: la de los Peines, la de la Puebla, la de Linares, entre otras. Y la autora del libro dedica un capítulo de su obra, a esta altura, a las mujeres cantaoras-cantantes desde Pastora Imperio a Rocío Jurado pasando por Lola Flores o Estrellita Castro.

La última hornada de intérpretes femeninas de este arte la estudia García Plata en las figuras de Carmen Linares, Lole Montoya, Estrella Morente, Niña Pastori o Rocío Márquez, entre otras.

El libro se completa, como decía más arriba, con una larga sección dedicada a las mujeres compositoras centrada en el tránsito del siglo XIX al XX, periodo de gran ebullición creativa, y en formas como la seguiriya de María Borrico, la milonga de Pepa de Oro o las soleares de la Serneta, entre otras muchas.

La obra se suma de esta manera al grupo de libros que en los últimos tiempos se ocupan de las cuestiones de género aplicadas al flamenco, sea desde la antropología (El traje de flamenca de Rosa María Martínez, La identidad de la mujer en el arte flamenco de Miguelina Cabral) o desde la historia de este arte (Mujer y flamenco de Loren Chuse), o desde el punto de vista instrumental (Mujeres guitarristas de Eulalia Pablo). Una tendencia ésta que ha tenido sus plasmaciones escénicas (Mujeres, de Mario Maya, con Merche Esmeralda, Belén Maya y Rocío Molina) y discográficas (Mujerez de Dolores Agujetas, Juana la del Pipa y La Macanita, y diversas recopilaciones, caso de Flamenco Woman o Ellas dan el cante), además de la mencionada antología pionera de Carmen Linares.

Carmen García-Matos. Córdoba, Almuzara, 236 págs.

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