Rock Festival de música independiente en El Puerto

Estilo, actitud y canciones en paradero desconocido

  • King Khan y The A-Bones brillan a su modo en la tercera jornada del festival, pero sin llegar a deslumbrar · Pasarela de medianías como grupos acompañantes de la noche, con unos portugueses disfrazados que dieron un recital de chunda chunda

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Pidan los bises a ese lentísimo ayuntamiento, gran chapador de bares y experto en cortar el punto a la gente. La gente no bailó más allá de las tres en punto de la mañana. Si en lugar de rock, la MW se hubiera transformado en peña cultural, flamenca, recreativa y carnavalesca, nadie habría levantado acta en el acto. Por cierto, se han visto chirigotas mejores que los portugueses Blasted Mechanism, los sanmolostropos verdes o los piconeros galácticos, mismamente. Disfraces reciclados de acero inoxidable, vanguardia futurista, como los Devo pero sin llegarles ni a la suela del zapato, digamos que a medio camino entre los Chemichal Brothers y los perroflautas recién llegados a la ciudad. Saltimbanquis a volumen atroz, electropop obsesivo, chunda chunda fluorescente, araka la cana pastillero, místico, africano, inclasificable. Muchas moscas. A las siete de la mañana, harto de cubatas, tendrían un pase. A las 21,40, sálvese quien pueda. Un carajote que parece salido de una historieta de Tintín pero con unos cuantos quinquenios en lo alto se las da de interesante con sus hechuras de pseudomoderno: gafas de pasta, pantalones por las rodillas, calcetines escuetos, camiseta de "yo estuve allí", patillas, gorra de diseño y una piba danzándole el agua. Hipnotizados ambos dos. Mañana volverán a fichar en la Diputación de Tarragona. "¿Cómo estuvo el Monkey Week? Espectacular, oiga, salieron unos gachós estilo Prodigy, pero en plan cutre, pasados de tripis, que estuvieron geniales". Aro, aro. Otro concepto de secta underground. Está la cosa muy mal. Antes, los Hollers pegaron duro al rocanrol, como lo habían hecho los Little Cobras en el teatro por la tarde, y después los Granadians del Espacio Exterior sorprendieron de primeras con su imagen colorista y su estilo nuevaolero, mucho ska locuelo, algunos instrumentales de consideración y cachondeíto sobre las tablas, un blues tropical, un villancico espasmódico, un guiño a Bo Diddley y poco más. Nada del otro mundo.

Dado el nivel de la noche, nada que ver con los extraordinarios cabezas de cartel del concierto de Puerto Sherry, el personal se dedica a recordar el mosqueo de Jon Spencer con el sonido, sus patás en el suelo, el micro como un proyectil y su pasión desbordante. Dicen que estuvo contenido. Para contenido, el de Kitty, Daisy y compañía. Miguel, el de la Silla Verde, los acompañó a bailar hasta las tantas, tras su sensacional actuación, y cuenta maravillas del trompetista negro, Eric Tam Tam Thompson, ojo a su historial, tocó en el disco "Revolver" de los Beatles, penúltimo corte, "Got to get you into my life". Ahí es nada. Thompson bebe coñac y estrena cada copa arrojando líquido al suelo a la salud de su padre. "For my father".

Cápsula, punkies vascos con notable cultura musical y algunas posturitas de mención, dieron lo suyo al personal, notable trío de rock oscuro con reminiscencias de todo tipo, gestos a la galería y cierta conexión con el estómago de la audiencia, como Johnny Thunders pero con pantalones rojos de cuero y bigote generoso. Pasea por el patio del Monasterio de la Victoria un Robinson Crusoe con la camisola del Betis. Manque pierda. Y alivian al gaznate varias generaciones de aficionados a la música sin etiquetas, independiente de nada, que en la penúltima sesión no depara tantas alegrías. Los esperados A Bones y el intratable King Kahn reinan a su modo, pero no ofrecen la talla deseada, mucho sonido garage, ritmo y blues de toda la vida en adobo, y pocas canciones para recordar. Si acaso, las versiones de clásicos. Sangre, sudor y lágrimas de cocodrilo, los malos de la película captan la atención, plumas y a lo loco, alaridos de pasión, algunos kilitos más de la cuenta y las leyendas del rock minoritario o así. Los A Bones, gente curtida y veterana con gasolina suficiente y rudas maneras de arremeter, gustan mucho, o eso parece a tenor de la respuesta de la gente, que ya mira el reloj, a las tres pa la casa. King Kahn y su chaqueta de leopardo acaso enganchan más, suenan potentes y compactos, una patulea de músicos sobre las tablas, mucho estilo, sonido atractivo, a veces sucio y arrebatador, con alma, pero alguien pregunta por las canciones. ¿Dónde están las canciones? En el fondo del mar.

La MW concluía anoche en el Teatro Muñoz Seca con un espectáculo más reposado que al cierre de esta edición iba a cerrar Nacho Vegas. Cuatro días de garabatillo. Lo nunca visto. Una experiencia memorable, con sus pros y sus contras, la primera edición de una aventura con vocación de convertirse en encuentro permanente de músicos, expertos y aficionados.

Lástima la actitud de los "patrocinadores" municipales, muy comentada y rechazada por organizadores y asistentes, gente cabal ya talludita que ha llenado los hoteles y ha colmado sus ansias de conocer nuevas músicas, recibiendo la callada por respuesta, una manera como otra cualquier de que el silencio levante acta en otra parte. Dos ofertas han recibido los promotores de Monkey Week para llevarse la feria a otra parte de Andalucía. Ellos quieren quedarse, pero necesitan cariño y que nadie corte la música en lo mejor del querer.

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