Bibi, a las puertas de regresar a la cumbre

  • El líder del Likud, Benjamin Netanyahu, se perfila como el próximo jefe del Gobierno en Israel tras una década en la sombra

Benjamin Netanyahu, líder del partido derechista Likud, se perfila como el próximo jefe del Gobierno en Israel tras una década en la sombra esperando la oportunidad de regresar al poder.

Según todos los sondeos de intención de voto de cara a las elecciones anticipadas del martes, este político de retórica populista tendría asegurada la victoria incluso si su más inmediata rival, la titular de Asuntos Exteriores Tzipi Livni, consiguiera sobrepasarle en número de diputados, al disfrutar de una mayor capacidad para formar una coalición.

Bibi, como es popularmente conocido Netanyahu, nació en Tel Aviv en 1949 y pasó su adolescencia en EEUU, donde se licenció en Administración de Empresas y Arquitectura. En el país norteamericano aprendió además a dominar gracias a la televisión el lenguaje directo y el manejo de las manos como emisoras de mensajes.

Un acontecimiento se cruzó en su vida en 1976 cuando su hermano Jonatan murió durante la espectacular operación israelí que permitió la liberación de un avión que había sido secuestrado por cuatro palestinos y desviado al aeropuerto nigeriano de Entebbe. Jonatan era el comandante de aquella operación y falleció alcanzado por los disparos cuando conducía a los rehenes hacia un lugar seguro.

A partir de ese momento, Bibigiró su vida hacia la política con una visión extremadamente derechista de los acontecimientos de Oriente Próximo. El debut de Netanyahu se produjo en 1982 al asumir el cargo de número dos de la embajada de Israel en EEUU para, dos años después, ser designado embajador ante la ONU. Irrumpió en la vida política israelí en 1988 como viceministro de Exteriores y fue nombrado presidente del Likud en 1993.

Ese periodo de su vida culminó en 1996 cuando, para sorpresa de todos, fue elegido en las urnas como primer ministro tras obtener una ligerísima ventaja de menos de 30.000 votos sobre el candidato laborista Simon Peres.

Bajo el Gobierno de Netanyahu y con Ariel Sharon como ministro de Defensa, Israel sufrió graves crisis en el plano internacional así como en el proceso de paz y en su economía. Pese a haber firmado con Yaser Arafat los acuerdos de Wye Plantation, que implicaba la retirada israelí del 13% de Cisjordania, Netanyahu fue muy reticente a la hora de entregar territorio a los palestinos y más exigente en seguridad.

Así, pese al escaso número de ataques terroristas durante su mandato, Netanyahu perdió mucho apoyo popular tras una cadena de escándalos y una investigación por corrupción, lo que le forzó a convocar elecciones anticipadas en 1999 que perdió ante el laborista Ehud Barak.

Su regreso a la política no se hizo esperar: volvió al primer plano del Likud, cuyo liderazgo disputó a Sharon, con quien aceptó, no obstante, ser ministro de Exteriores en 2002 y en 2003 de Finanzas, cartera desde la que sacó a Israel de la peor crisis económica de su historia. Su desacuerdo con el plan de evacuación de los asentamientos de Gaza precipitó su salida del Gobierno de Sharon en agosto de 2005.

Netanyahu, de 59 años, aprovechó poco después la oportunidad de erigirse de nuevo en líder del Likud tras desaparecer del escenario político su rival Sharon, el único que podía hacerle sombra en el partido conservador, que abandonó para fundar Kadima en noviembre de 2005.

Nada hacía presagiar tras los últimos comicios en Israel en 2006, en los que el Likud sufrió el peor varapalo de su historia al obtener sólo 15 diputados, que el electorado volvería a clamar por el regreso de Netanyahu.

La trayectoria errática seguida por el Gobierno de su antiguo compañero de filas y actual jefe del Gobierno, Ehud Olmert, que deja el cargo por sospechas de corrupción, ha colaborado a disipar la memoria del electorado.

Bibi, cuyo instinto político le ha mantenido siempre en la palestra, sólo ha tenido que esperar a que fueran cayendo cada uno de los obstáculos que impedían su regreso para volver a la primera línea de la política.

Pese a que está convencido de que goza del favor de la mayor parte del electorado, no se fía y hasta el último momento ha apelado a sus seguidores a que acudan a las urnas.

"Debemos cambiar la actual ecuación y construir la paz desde la base de la pirámide", dijo recientemente apelando a "una nueva vía" de tratar el conflicto con los palestinos.

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