Crisis migratoria, la 'prueba de estrés' para la Europa sin fronteras

  • Francia e Italia, al borde de la crisis diplomática por la masiva llegada de inmigrantes norteafricanos.

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Los bancos ya se sometieron a unas pruebas de estrés, las centrales nucleares están a punto de hacerlo, y ahora también será puesta a prueba la libertad de movimiento en el seno de la Unión Europea. La avalancha de inmigrantes norteafricanos a Italia y Francia ha llevado a ambos países europeos al borde de una crisis diplomática.

De hecho, la problemática de la inmigración es desde hace años un punto de fricción entre los Estados de la UE. Aunque la disputa, nuevamente avivada en torno a la acogida de refugiados, no es algo nuevo, sí lo es su dimensión, porque la afluencia masiva de desplazados procedentes del norte de África pone a la alabada Europa sin fronteras ante una dura prueba. ¿Los 23.000 tunecinos llegados a las costas italianas constituyen realmente una crisis para Roma? En el caso de la UE está claro que sí. El bloque se enfrenta a su próxima prueba de estrés: el test de estrés Schengen.

Mientras Italia abre sus fronteras, Francia parece cerrar las suyas. ¿Y cómo reacciona la Comisión Europea? El Ejecutivo europeo se muestra salomónico: a Roma le permite expedir documentación temporal para los inmigrantes, mientras por el otro lado deja que París controle temporalmente sus fronteras e impida en determinadas circunstancias la entrada a los refugiados.

París informó a Bruselas la semana pasada de una interrupción de varias horas del tráfico ferroviario en la frontera italo-francesa, y que con ello cumplía con su obligación. Francia quiso preservar con los controles el orden público cuando manifestantes ocuparon allí las vías del tren, dijo un portavoz galo a la Comisión Europea. Negó además que París haya ordenado un endurecimiento de los controles por miedo a una avalancha de inmigrantes. Críticos lo vieron, sin embargo, de forma distinta. El portavoz agregó que no había precedentes de países de Schengen que hubiesen establecido controles fronterizos temporales para evitar la entrada de inmigrantes. El caso es que los controles fronterizos al azar son compatibles con el derecho europeo. En cambio, el restablecimiento de los controles regulares sería una violación del Tratado de Schengen de 1995 para una Europa sin fronteras y que dio paso a una libertad de movimiento nunca antes conocida.

Desde entonces sólo pueden ser controlados pasos interfronterizos en territorio comunitario en casos excepcionales, por ejemplo, si la seguridad pública se ve amenazada o durante manifestaciones multitudinarias. Ese fue el caso durante la cumbre del G8 en la localidad alemana de Heiligendamm o durante el Mundial de Alemania, en el que se suspendió temporalmente el tratado para impedir el paso a hooligans extranjeros.

Países como Alemania, Bélgica o Austria, entre otros, se alinean con Francia a la hora de criticar a Italia. La entrega de documentos temporales a inmigrantes tunecinos es una invitación a abandonar Italia, según consideran. Muchos tacharon el paso de Italia de "insolidario". Los países del norte de Europa demandan de Roma que o bien acoja a los tunecinos o que los repatríe. Además, acusan al Ejecutivo de Berlusconi de no haber ayudado en el pasado cuando llegaron 200.000 refugiados de la guerra en los Balcanes.

La Comisión Europea hasta ahora no ha podido calmar los ánimos con sus palabras de cautela. Recuerda que la UE apoya a los países que están sometidos a fuertes presiones migratorias. La agencia europea de protección fronteriza Frontex ayuda de hecho a asegurar las fronteras en el Mediterráneo. A su vez, según datos de la Comisión de 2010 y 2011, la UE destinó unos 81,5 millones de euros para la protección de fronteras, integrar a refugiados o para repatriarlos. Al mismo tiempo, la comisión pide a otros países una y otra vez que acojan a inmigrantes. Sin embargo, no puede prescribirlo. Las decisiones sobre asilo recaen así sobre cada país. Los inmigrantes económicos, como los que proceden de Túnez, en principio no tienen derecho a asilo. A principios de mayo la Comisión quiere poner sobre la mesa nuevas propuestas en torno a Schengen.

Las desavenencias son, en palabras de la comisaria Cecilia Malmström, una "prueba para la solidaridad europea". Pero también para la historia de éxito de Schengen. Los primeros pasos para una Europa sin fronteras llegaron 40 años después de la Segunda Guerra Mundial, cuando Alemania, Francia y los Estados del Benelux se pusieron de acuerdo en suprimir sus controles fronterizos. Las primeras fronteras desaparecieron diez años después, en 1995. Cada vez más países renunciaron a años de controles. Al mismo tiempo se comprometieron a proteger mejor sus fronteras exteriores. Hoy pertenecen a la zona Schengen 25 países.

El temor a la llegada de inmigrantes ilegales y criminales de terceros países existe desde siempre. Cuando en 2007 entraron nueve Estados nuevos, a excepción de Malta todos ellos del ex bloque soviético, aumentó la preocupación de que el precio de una mayor libertad de desplazamiento sea un incremento de la criminalidad. No obstante, las estadísticas muestran una imagen distinta. ¿Superará Schengen ahora el test de estrés en lo que respecta a la inmigración? Habrá que esperar a ver qué sale del encuentro urgente entre el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, y el presidente francés, Nicolas Sarkozy, este martes en Roma.

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