El Gobierno tunecino admite que el atentado le "pilló por sorpresa"

  • El presidente confiesa que había un dispositivo alrededor del Ramadán pero no se contemplaba un ataque en una playa El autor de la masacre se adiestró en Libia

El presidente de Túnez, Beji Caid Essebsi, reconoció en una entrevista emitida ayer que las fuerzas de seguridad del país no estaban preparadas para repeler un ataque en una playa, en referencia al atentado contra turistas que tuvo lugar la pasada semana en Susa.

Además de la conmoción que provocó tanto en Túnez como en el extranjero, este ataque, reivindicado por el Estado Islámico (IS) puede tener un impacto económico en el país de más de 450 millones de euros en 2015, según el Ministerio de Turismo.

"Es cierto que nos ha pillado por sorpresa la acción terrorista. Las fuerzas de seguridad estaban organizadas de cara al ramadán, pero nunca hubiera pensado que también debían estar en las playas", afirmó Essebsi a la cadena de radio Europa 1.

El pasado viernes, 38 personas (entre las cuales se cuentan, al menos, 25 británicos), murieron por los disparos de un joven tunecino. Armado con un kalashnikov que portaba escondido en una sombrilla, abrió fuego contra los turistas que disfrutaban de sus vacaciones en una playa y en la piscina del Hotel Imperial Marhaba.

Este ataque, el peor perpetrado por los yihadistas en la historia de Túnez, se produce tres meses después del que tuvo lugar en el Museo del Bardo el pasado 18 de marzo, donde 22 personas (21 turistas extranjeros -entre ellos un matrimonio español- y un policía fueron asesinados.

El presunto autor de la masacre se formó en armas en Libia, según dijo el secretario de Estado de Seguridad Nacional, Rafik Chelly, a AFP. "Resulta que fue a Libia ilegalmente. Se entrenó en Sabratha, al oeste de Trípoli", explicó.

El EI ha crucificado por otra parte a 17 personas entre en la provincia de Deir al Zur, en el noreste de Siria, por no cumplir el ayuno del mes sagrado musulmán del Ramadán, informó el Observatorio Sirio de Derechos Humanos.

La ONG, que citó a activistas en la zona, precisó que once trabajadores fueron crucificados ayer en la verja de un cuartel de la hisba, cuerpo parapolicial del EI, en la ciudad de Al Mayadín, uno de los bastiones de los yihadistas en el este de Deir al Zur. Los radicales colgaron del cuello de sus víctimas carteles con el mensaje "crucifixión durante un día y 70 latigazos por romper el ayuno del Ramadán", y permitieron a varios menores de edad que se habían congregado en el lugar burlarse de ellos.

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