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Hungría grita libertad

  • Intelectuales y disidentes que tumbaron el comunismo hace 25 años vuelven a las calles en defensa de la democracia

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Hace un cuarto de siglo, intelectuales y disidentes se enfrentaban a la dictadura comunista para reclamar libertad en Hungría. Hoy, esos veteranos levantan su voz para advertir de que un Gobierno conservador está intentando destruir el Estado democrático.

"Como en los años de la transición, y después también, hemos dicho con qué no estamos de acuerdo", explicó a Efe el periodista y filósofo Attila Ara-Kovacs, uno de los firmantes de la carta que un grupo de opositores al comunismo publicó a principios de año para advertir de la deriva autoritaria en Hungría.

"Nunca, desde el cambio de régimen de 1989, cuando la dictadura comunista fue aplastada, se había producido una concentración de poder en la región como en la Hungría de hoy", alerta esa misiva, suscrita por otros conocidos personajes como Miklos Haraszti, ex representante para la libertad de prensa de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa.

"La situación no es como en 1989", señala Ara-Kovacs, que argumenta que durante la transición política la oposición se enfrentó a un régimen "defensivo", que perdía el poder, mientras que el Gobierno actual practica una política "ofensiva".

Además, este periodista que se opuso primero al régimen de Caucescu en su Rumanía natal, alerta de que la otra gran diferencia es que en Hungría no existe hoy en día una oposición articulada capaz de enfrentarse al Gobierno.

Así, Ara-Kovacs define la carta como la iniciativa de un grupo de amigos con ideas políticas similares ante la inexistencia en el país de un partido que pueda ejercer de verdadero opositor. "Se trataba de dar este paso hasta que se forme en Hungría una fuerza opositora", explicó Ara-Kovacs.

Y que es pese a que el apoyo al gobernante partido Fidesz se ha hundido desde las elecciones de 2010, la segunda fuerza del país, los socialistas, apenas cuenta con una intención de voto del 11%, castigados tras su desastroso paso por el Gobierno entre 2002 y 2010. El número de indecisos es del 57%, según los sondeos.

Aunque varias organizaciones civiles cuentan con un importante apoyo, aún no se ha conformado una opción política que pueda canalizar la creciente oposición al Gobierno del primer ministro Viktor Orbán.

En las últimas semanas se comenta que un posible líder podría ser Gordon Bajnai, que entre los años 2009 y 2010 dirigió un Gabinete de tecnócratas e inició importantes reformas para sanear la economía.

El pasado 2 de enero, numerosas organizaciones civiles lograron reunir a decenas de miles de personas en una manifestación contra la nueva Constitución, aprobada gracias a la aplastante mayoría parlamentaria del Fidesz, criticada como un instrumento para mantener a ese partido en el poder.

A esa incipiente presión interna se ha unido la más rotunda exigencia por parte de la Unión Europea para que Orbán dé marcha atrás con su reforma legislativa.

Con tres procedimientos sancionadores abiertos y la amenaza de perder un crédito internacional que el país necesita urgentemente, el Gobierno húngaro ha dado ya muestras de que cederá y enmendará las leyes más polémicas.

La reforma constitucional ampara leyes que aumentan la influencia del Ejecutivo en el Tribunal Constitucional, la judicatura, el Banco Central, la agencia de protección de datos e incluso modifican el sistema electoral en beneficio del Fidesz.

Unas leyes que no pueden ser modificadas sin una mayoría parlamentaria de dos tercios, lo que dificultaría a cualquier Gobierno futuro diluir la influencia del Fidesz en órganos esenciales del Estado.

En este sentido, varios analistas señalan que, tras las elecciones previstas para 2014, un Ejecutivo podría enmendar estas leyes argumentando incompatibilidades con los tratados internacionales suscritos por Hungría y que tienen un rango legal superior a las normas nacionales.

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