Ley divina para la mujer árabe

  • Aunque la mayoría de los países musulmanes recogen en sus constituciones la igualdad de derechos entre géneros, el islam y sus interpretaciones patriarcales son en muchos casos el código a seguir

El mundo árabe es increíblemente diverso y sólo les une el islam, que no es poco. La situación de la mujer en estos países difiere mucho de unas regiones a otras y depende en gran medida de la interpretación que se haga de la ley sagrada.

Hay países que están más evolucionados que algunos occidentales en cuanto a los derechos femeninos, es el caso de Jordania, donde en 2005 aproximadamente un 10% de los sillones de diputados estaban ocupados por ellas, según un estudio de la ONU sobre la mujer en mundo. Del lado opuesto está, por ejemplo, Arabia Saudí, donde no nacer hombre te quita el derecho a conducir coches o a viajar fuera del país sin permiso de un varón de la familia y las reformas se realizan con cuentagotas.

Aunque en la mayor parte de los países que componen el mundo árabe los textos constitucionales recogen la igualdad de los ciudadanos ante la ley, hay muchos otros códigos y prácticas, algunas más ancestrales y eficaces que una Carta Magna, que desequilibran la balanza. La interpretación de la ley sagrada y el contexto social acercan y alejan la realidad del patriarcado que conocemos.

"La codificación de estatutos de familia para musulmanes y no musulmanes durante el periodo colonial en los diferentes países señaló un papel para hombres y mujeres que seguía la lógica patriarcal. Esos códigos de familia, como la Mudawana marroquí, han sido modificados pero su esencia permanece y asigna una función a las mujeres que sigue enmarcándose dentro de la lógica patriarcal", explica a este diario Elena Arigita, investigadora principal del Instituto Internacional de Estudios Árabes y del Mundo Musulmán de la Casa Árabe.

Pero son muchos los ejemplos de discriminación. En Irán el testimonio de un hombre en un juicio equivale al de dos mujeres y no pueden salir de casa sin cubrir su pelo. Pero no todos los gobiernos son tan retrógrados, en Egipto o en Sudán el género empieza a dejar de ser un obstáculo a la hora de ocupar un cargo importante como el de juez o en países como Líbano el Gobierno crea instituciones en defensa de los derechos femeninos (aunque eso suponga reconocer que existen, como en Oriente y en Occidente).

Kuwait, un país rico y modelo entre las monarquías árabes en el Golfo Pérsico, vivió la pasada primavera un momento histórico cuando cuatro mujeres resultaron elegidas por primera vez para formar parte del parlamento, una pequeña gran victoria para un país conservador en el que las legislaturas se han constituido sólo por hombres en casi medio siglo.

Marruecos es uno de esos países que ha evolucionado significativamente en los derechos femeninos. Con la llegada de Mohammed VI al trono se creó un nuevo código de la familia que recoge medidas recomendadas por decenas de asociaciones de mujeres que participaron en el proceso de redacción. Sin embargo, la aplicación efectiva todavía es muy insuficiente según explica Intermon Oxfan, una ONG que trabaja en la zona y que desde 2004 desarrolla en el país el Programa Derechos de las Mujeres con el objetivo de mejorar sus condiciones económicas, jurídicas y sociales.

El mundo global en que vivimos ha contribuido a que estas sociedades, en que las mujeres están sometidas al capricho masculino o divino, sean conscientes de su potencial. Es habitual ver decenas de antenas en los tejados de muchos de estos países anclados en lo ancestral, pero que gracias a la tecnología empiezan a ver mujeres poderosas y libres aunque sea en televisión. Esta realidad si fija en el imaginario colectivo femenino de la mujer árabe, que poco a poco alcanza ciertos objetivos y aprende mecanismos de lucha que le acercan a la igualdad .

Aunque aún hay hombres que regentan harenes, también hay mujeres armadas con cámaras y megáfonos y personas que luchan por el cambio en las sociedades de mayoría musulmana. "No hay un papel asignado a la mujer, sino que ellas son parte activa de las sociedades a las que pertenecen", recalca Elena Arigita.

El concepto de familia, el acceso a la educación y las dificultades para acceder a la vida laboral son los principales motivos de este retraso. Según el informe de la ONU, en el acceso a la enseñanza superior prevalece aún la secuela del islam tradicional que limita a las mujeres al cuidado de la familia y las cuestiones domésticas. Además, el mundo laboral está bastante restringido para ellas debido en parte a que su religión, a partir de la doctrina del Corán, considera al hombre responsable del sustento de su familia, por lo que las mujeres son las últimas en recibir ofertas de trabajo y las primeras en ser despedidas.

No hay que olvidar que la fe es el refugio de las personas, es el clavo ardiendo al que se agarran y lo seguirán haciendo mientras no tengan un futuro a la vista. En este sentido, el islam militante ha podido extender su influencia dentro de la sociedad a lo largo de las últimas décadas aprovechándose de la crisis política, la pobreza y el fracaso económico de alguno de los más de 20 países que llamamos árabes.

En el prólogo de dicho informe, el príncipe saudí, Talal bin Abdul Aziz, presidente del Programa del Golfo Árabe para las organizaciones de desarrollo de Naciones Unidas, escribió que "ninguna fuerza política puede pretender ignorar que la religión (el islam en particular) constituye un elemento crucial en el tejido cultural y espiritual del pueblo árabe" y aún así matiza que "la religión no tiene ninguna conexión con las prácticas erróneas que se llevan a cabo contra las mujeres", o al menos no debería.

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