El fracaso de Livni al formar Gobierno aboca a un anticipo electoral en Israel

  • La presidenta del partido gobernante pide un adelanto de los comicios, donde deberá medirse con Benjamin Netanyahu y Ehud Barak · La decisión deja en coma el proceso de paz en Oriente Próximo

La presidenta del partido gobernante Kadima, Tzipi Livni, se verá obligada a jugarse el cargo de primer ministro de Israel en unas elecciones anticipadas, frente a dos "zorros políticos" como Benjamin Netanyahu y Ehud Barak y con pronósticos que no parecen favorecerle.

Livni, a quien hace un mes se daba como virtual primera ministra, devolvió ayer al presidente de Israel, Simon Peres, el encargo de formar Gobierno con la recomendación de convocar comicios, consejo que con toda probabilidad atenderá el jefe del Estado una vez expire el plazo de tres días para consultar esta decisión con los trece partidos representados en el Parlamento.

"Estoy harta de extorsiones. Veremos a todos estos héroes dentro de 90 días", adelantó en las horas previas a sus asesores la todavía ministra de Asuntos Exteriores, en una pose de desafío ante la falta de apoyos suficientes para liderar un nuevo Ejecutivo.

La gota que colmó su paciencia fueron los desaíres del partido ultraortodoxo Shas, que durante cuatro semanas negoció con ella unos términos predeterminados para después retirarse por no obtener lo que desde el principio no estaba sobre la mesa.

Y no hablan los expertos precisamente del presupuesto que los ultraortodoxos exigían para las familias numerosas que forman el grueso de su electorado, sino del estatuto de Jerusalén.

"No quiero que se me extorsione, ni en el terreno diplomático ni en el presupuestario y, por ello, iré a las elecciones. La otra posibilidad para mí sería capitular ante la extorsión", declaró Livni al diario Haaretz, defendiendo su decisión de no continuar negociando hasta el 3 de noviembre, la fecha límite en la que debía presentar su coalición.

"Ellos sabían desde un principio que Livni no se comprometería a no hablar de Jerusalén en las negociaciones con los palestinos y, si era así, no tendrían siquiera que haber entrado a negociar con Kadima y perder el tiempo", se quejó una fuente de este partido.

Sin verdaderas posibilidades de encontrar a un sustituto para los ultraortodoxos sefardíes y consolidar una nueva coalición en un Parlamento fragmentado entre trece formaciones, Livni se enfrentará así a un duelo electoral de resultados impredecibles con dos ex primeros ministros.

Lo hará enarbolando como insignia su imagen de intachable política, en contraposición al perfil más militarista y de astucia política que exhiben sus rivales del conservador Likud, Benjamin Netanyahu, y del Partido Laborista, Ehud Barak.

Se trata de una batalla de alto riesgo, sin garantías de que los israelíes, acostumbrados a años de corrupción y tráfico de influencias, vayan a interpretar su recomendación de elecciones como un ejemplo de transparencia, una nueva forma de hacer política.

Más bien, puede encontrarse en la campaña electoral con titulares como los que ayer engalanaban algunos artículos de opinión y que la acusan de "fracaso" y de causar una "decepción", al tiempo que la califican de "perdedora" o la tildan de padecer "inocencia política".

Titulares que en cierta medida hacen justicia con sus decisiones de las últimas semanas, en las que concentró casi todos sus esfuerzos en el Shas, un partido ultraortodoxo que desde hace tiempo comparte la visión conservadora con el Likud en muchas de sus posturas relacionadas con el proceso de paz.

Medios locales aventuran que el líder del Shas, Eli Yishai, podría haber cerrado un trato con Netanyahu mientras negociaba con el Kadima, por el que garantizaría la indivisibilidad de Jerusalén y el doble de la partida presupuestaria que ofrecía Livni a las familias numerosas.

Con 90 días por delante, que son los que fija la ley para ir a las urnas si Peres no encuentra otro candidato a jefe de Gobierno en la escena política (algo más que improbable), Livni tendrá que convencer a los israelíes de que su renuncia es por el bien del Estado para poder revertir los sondeos que parecen favorecen al Likud.

Por otras parte, representantes palestinos se quejan de que el proceso de paz lleva meses paralizado por la crisis política interna, que se agrava ahora con la convocatoría de anticipadas. En medio del caos vivido, Olmert y Abbas han pospuesto sin nueva fecha una reunión prevista para esta semana con el fin de analizar el proceso de paz.

Olmert está atado de pies y manos, pues cualquier concesión a los palestinos podría ser cuestionada por falta de legitimidad. Al mismo tiempo, un cambio de Gobierno y la llegada de Netanyahu al poder podría suponer la estocada definitiva a las conversaciones de paz.

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