¿Por qué en Marraquech?

  • Vecinos de la localidad y turistas no encuentran explicación al golpe propinado por los terroristas a una ciudad que siempre tuvo fama de ser especialmente pacífica.

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"¿Por qué en Marrakech?". Decenas de marroquíes, y también algunos turistas, contemplaban ayer con aire abatido la reventada fachada del café Argana, en la famosa plaza de Jemaa el Fna, que la víspera sufrió un atentado en el que perdieron la vida quince personas.

Sólo el ruido de las motocicletas de curiosos que han venido a mirar los daños tras el atentado rompen el silencio que reina en la plaza, en el centro de la medina de Marraquech, lugar emblemático del siglo XI y que del alba al anochecer generalmente está a rebosar de personas.

"¡Lo que ha pasado es impensable! Es un golpe al corazón de Marruecos", lamenta Tahar Fatimi, dentista franco-marroquí de 50 años, que desde el domingo está de vacaciones en el país árabe en compañía de sus dos hijas adolescentes.

"Anteayer estuvimos tomando un refresco en el café Argana, e hice un vídeo desde la terraza donde ha tenido lugar la explosión. Estamos muy sorprendidos, mis hijas no entienden nada, tienen miedo al pensar que podrían haber estado allí", relata Fatimi, con cara de absoluta desolación.

Como él, decenas de marroquíes, todavía incrédulos, llegaron en la mañana del viernes para ver la fachada desfigurada del café Argana antes de ir a trabajar. Una barrera de seguridad tuvo que ser instalada, obligando a la gente a permanecer a unos quince metros de distancia de la entrada principal del establecimiento objeto del atentado.

"Marraquech es una ciudad pacífica, las personas son generosas y quieren a todo el mundo aquí, estamos muy sorprendidos", cuenta Zineb el Alaoui, una estudiante de 23 años, que ha venido en la motocicleta de su hermana para contemplar los restos del café y demostrar su oposición al terrorismo.

"Pensamos que han sido elementos extranjeros los que han hecho esto, porque estoy convencida de que los marroquíes no podrían", asegura esta joven, con velo y maquillada.

En la terraza del café, donde tuvo lugar la explosión, los cristales están rotos, el mobiliario está desperdigado, las marquesinas se han hundido. El cartel del restaurante Argana ha perdido la E. El cielo está nublado. En medio de una gran expectación los agentes de la Policía científica recogen pacientemente huellas que permitan avanzar en la investigación del atentado.

El aspecto que presenta esta amplia plaza corriente, tan viva, donde a diario miles de turistas se mezclan entre narradores, poetas o domadores de monos, "es tan diferente esta mañana", se lamenta Abdelkadir Radbibi, un vendedor de zumo de naranja instalado en la plaza desde 1966.

"Nunca hemos visto algo parecido aquí", asegura este comerciante, con gesto desconcertado, que esconde su rostro detrás de una auténtica montaña de naranjas.

Para desesperación de Abdelkadir y de otros vendedores de la plaza, durante la mañana apenas han llegado clientes. "Normalmente trabajamos intensamente a esta hora", dice Mohamed, que acumula 17 años de experiencia como vendedor en Marraquech, uno de los principales destinos turísticos de Marruecos y que vive esencialmente del turismo.

Annalise y Paul Edwards, dos turistas australianos de 24 y 30 años, estaban en el zoco, a dos pasos del café Argana, cuando se produjo la explosión del jueves.

"¿Porqué en Marrakech?, se pregunta el hombre. "Normalmente es una ciudad que destaca especialmente porque es muy pacífica, pero lo sucedido demuestra que el terrorismo puede golpear en cualquier sitio, incluso en aquellos que te pueden parecer los más seguros", dice.

"Estamos muy sorprendidos, pero no tenemos miedo", sigue Annalise, quien añade que en "ningún momento" se ha planteado cambiar su itinerario de viaje por Marruecos a consecuencia del atentado.

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