Matanza en la fila de los reclutas

  • Casi 60 aspirantes a soldado mueren en el atentado contra el puesto de reclutamiento del Ejército iraquí en Bagdad, una prueba de que las Fuerzas de Seguridad son un objetivo claro de los insurgentes

Era una mañana como otra cualquiera ante el puesto de reclutamiento del Ejército iraquí, antiguo Ministerio de Defensa durante el Gobierno de Sadam Husein y que desde 2003, tras la invasión estadounidense del país, se había convertido en un centro de reclutamiento y una base militar.

Aunque no es fácil encontrar trabajo en Iraq, el Ejército necesita hombres, sobre todo ante la retirada de las tropas de Estados Unidos, planeada para finales de agosto. Por este motivo, cientos de jóvenes iraquíes aguardaban en fila para alistarse voluntariamente a las Fuerzas Armadas.

Según relató un testigo a la televisión Al Jazeera, un hombre vestido con uniforme salió de entre la multitud y comenzó a anotar los nombres de los que esperaban. Con la esperanza de ser admitidos, cada vez más personas se acercaban al uniformado. Pero lo que no pudieron ver fue el cinturón de explosivos que llevaba bajo la ropa y que pocos instantes después hizo explosionar.

El sangriento atentado de ayer, el más grave ocurrido desde el pasado 18 de julio cuando un ataque suicida contra miembros de una milicia progubernamental se saldó con la muerte de unas 39 personas, se cobró la vida de al menos 57 aspirantes a soldado y otros 77 resultaron heridos, mostrando de nuevo que las Fuerzas de Seguridad se convierten cada vez en un objetivo más claro para los insurgentes.

A pesar de ello, a finales de este mes, con la retirada parcial de las tropas norteamericanas, siete años después del comienzo de la guerra, serán estos soldados quienes están al cargo de la débil seguridad del país.

Una fuente del Ejército dijo que el atentado podría haber sido obra de dos terroristas suicidas, algo característico de Al Qaeda y sus socios locales.

Por su parte, uno de los reclutas heridos afirmó que estaban "alineados en una larga cola y que había oficiales y soldados. De repente hubo una explosión. Gracias a Dios sólo he sufrido heridas en una mano", añadió.

La invasión estadounidense logró derrocar al régimen de Sadam Husein, pero el caos en el que se vio sumido Iraq en los años siguientes, convirtió a la región en un polvorín provocando que los enemigos de Washington siguieran extendiendo su influencia.

Iraq, considerada durante algún tiempo una potencia regional con la tercera reserva de petróleo más grande del mundo, sigue atrapada en un infierno de violencia sectaria y terrorista. Un buen ejemplo de ello es lo ocurrido tras las elecciones generales. Cinco meses después de la votación, las facciones son incapaces de acordar un Gobierno.

El escenario del atentado estaba cargado de simbolismo. Hace poco más de un año, los norteamericanos traspasaron el antiguo Ministerio de Defensa a los iraquíes. Ya entonces se celebró con discursos y desfiles la retirada estadounidense.

Los militares de Estados Unidos ya estaban abandonando muchas ciudades y zonas pobladas y el edificio del ataque era la última base que aún ocupaban en Bagdad.

La estrategia de los rebeldes está clara: volver a desestabilizar el país. El debilitamiento de las Fuerzas de Seguridad podría llevar a Iraq a un abismo similar al de 2006, cuando los extremistas suníes hicieron volar por los aires la mezquita dorada de Samarra, una despiadada declaración de guerra contra los chiíes.

El Ejército estadounidense, entonces a las órdenes del general David Petraeus, pasó entonces a la ofensiva con el destacamento de decenas de miles de hombres. Como consecuencia, dos años después, a principios de 2008, Iraq comenzó a tranquilizarse.

El enfrentamiento entre suníes y chiíes, que escapa de las frontera del país, amenaza con desestabilizar toda la región del Golfo e incluso con reactivar la guerra civil del Líbano.

"Durante las dos últimas dos décadas, Iraq funcionó como un tapón en el sistema de Oriente Próximo, haciendo contrapeso a Irán y manteniendo a Turquía con la mirada hacia Occidente", explicó el director del Carnegie Middle East Center, Paul Salem, quien añadió que ahora, por el contrario, es el "epicentro de una nueva serie de tensiones en Arabia Saudí, Siria, Irán y Turquía".

Entre los beneficiados por el caos iraquí se encuentra el vecino Irán que "se ha convertido en un actor predominante en el corazón de Oriente Próximo", dijo Salem.

La retirada parcial de Estados Unidos no ayudará a cambiar la situación porque los insurgentes ven en esta acción su oportunidad para recuperar el poder. Muchos iraquíes temen que este momento llegue y que no estén las tropas norteamericanas.

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