Schengen, un 'candado' de doble llave para cerrar Europa

  • En 1985 nacía en Schengen, Luxemburgo, un histórico acuerdo para suprimir las fronteras internas entre alemanes, franceses, belgas, holandeses y luxemburgueses.

El el 14 de junio de 1985 nacía en el  idílico pueblecito de Schengen, en el Gran Ducado de Luxemburgo, un  histórico acuerdo ara suprimir las fronteras internas entre sus  entonces cinco socios firmantes. 

Aunque en principio ese texto estaba destinado a facilitar la  libertad de movimientos de los ciudadanos alemanes, franceses,  belgas, holandeses y luxemburgueses, ahora aparece como un  instrumento que, en lugar de abrir las puertas, podría servir, como  quieren Francia e Italia, para sellar las fronteras de la Unión  Europea (UE) . 

Schengen es uno de los primeros ejemplos de cooperación  reforzada en la UE, es decir que fue una iniciativa que salió  adelante con solo algunos países europeos, aunque su  "corpus" legislativo ya se ha incorporado, como protocolo, a los  sucesivos tratados europeos. 

¿Quién habría dicho que, casi tres décadas después, varios socios  fundadores de la entonces (1957) Comunidad Económica Europea (CEE),  querrían volver a instalar las garitas de control, las barreras para  impedir el paso y los controles de pasaportes de antaño? Todo para  cerrar Europa de forma hermética a los inmigrantes ilegales. 

Tras la cumbre franco-italiana de este martes en Roma, ha quedado  claro que el problema de la inmigración sigue dividiendo al Viejo  Continente y continúa encendiendo los ánimos de sus gobernantes y de  sus opiniones públicas. Basta recordar cómo el líder libio Muamar al  Gadafi amenazaba hace menos de dos meses con "inundar" a la UE de  inmigrantes, si se producía una intervención internacional en su  país.  El primer ministro italiano,Silvio Berlusconi, y el presidente  francés, Nicolas Sarkozy, afirman que su intención es "modificar" y  "ajustar" el texto del Acuerdo de Schengen, con el apoyo de último  momento de Alemania. 

Pero, ¿qué se esconde detrás de los eufemismos "ajuste" o  "adaptación"? Para algunos analistas en Bruselas simplemente se trata  de un endurecimiento del texto, para hacer a Europa -de manera  puntual- más impermeable. 

En realidad se trataría de una revisión o ajuste de una fórmula  que ya existe, pues, en casos excepcionales, por ejemplo una cumbre  internacional o una boda real, se pueden restablecer de forma  temporal los controles fronterizos internos en cualquiera de los  socios firmantes del texto.  A pesar de que este martes un portavoz de la Comisión Europea  asegurase que el texto "no se tocará", hoy, el tono ha sido distinto. 

La carta que Berlusconi y Sarkozy dirigieron al presidente de la  Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, y al presidente del  Consejo Europeo, Herman van Rompuy, en la que le pedían un "ajuste" y  una "flexibilización" de Schengen parece haber encontrado eco en  Bruselas. 

 La carta "va en la buena dirección", comentaba Ollivier Bailly,  uno de los portavoces de Bruselas. "No se trata de revisar el  Tratado, sino de aclarar normas comunes" para que puedan ser  aplicadas después, agregaba.  El hecho es que este tipo de retórica, habitual de las  instituciones de Bruselas, tiene otra lectura: es más que probable  que Schengen se retoque, como ocurrió con el Tratado de Lisboa, para  convertir en permanente el mecanismo de rescate para el euro. Lo que  no se sabe todavía es el grado de profundidad con que el legislador  aplicará el escalpelo para, eventualmente, seccionar o enmendar, con  la venia de los 27 socios, el texto de Schengen.  En todo caso, las posiciones deberán estar claras, o un poco más  definidas, para el próximo 4 de mayo, cuando Bruselas desea tener  elementos en la mano que permitan a los jefes de estado y gobierno,  en la cumbre final de la presidencia húngara de la UE, en junio  próximo tomar alguna decisión. 

Según las informaciones que circulan entre bastidores en Bruselas,  la posible incorporación de nuevas cláusulas al texto no debería bajo  ningún caso hacerse a costa de una de las libertades fundamentales  consignadas en los tratados: la libertad de movimiento. 

Pero en Europa casi nada es imposible. Sobre todo si quien lo  exige es Berlín o París, los todavía protagonistas del eje  franco-germano, tradicional motor de la construcción europea desde el  tratado fundacional (de la CEE) de 1957, cuando el bloque estaba  formado por seis socios, Alemania, Francia, Italia, Países Bajos,  Bélgica y Luxemburgo.  Por más que Bruselas, París o Roma pretendan disimular con  epítetos más o menos afortunados su deseo de tocar -e incluso  reformar- Schengen, las intenciones parecen claras: cerrar Europa. 

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