La UE da a Irlanda hasta octubre para proponer una salida al no del Tratado

  • Los Veintisiete constatan que necesitan "más tiempo para analizar la situación" y animan al gobierno de Irlanda a que prepare "con diligencia" una alternativa

Los líderes europeos se han dado hasta mediados de octubre para buscar una salida al embrollo en el que han quedado de nuevo enredados como consecuencia de la victoria del no en el referéndum irlandés sobre el Tratado de Lisboa. En la cumbre que ha concluido hoy en Bruselas, los Veintisiete se han limitado a constatar que necesitan "más tiempo para analizar la situación" y han animado al gobierno de Irlanda a que prepare "con diligencia" una alternativa en ese plazo.

Mientras tanto, y como prueba de que la UE "funciona y sigue viva" según ha dicho su actual presidente, el esloveno Janez Jansa, los gobiernos europeos han tomado decisiones operativas como la aprobación del ingreso de Eslovaquia en la Eurozona el 1 de enero de 2009 o el levantamiento de las sanciones diplomáticas contra Cuba. Los jefes de estado o gobierno también han respaldado las primeras medidas diseñadas por la Comisión Europea para hacer frente a los efectos de la espectacular subida de los precios del petróleo y los alimentos.

Se abre paso en Europa la idea de que es preciso vigilar más de cerca los precios de las materias primas, incluido el impacto que puedan tener en su evolución las "especulaciones" en los mercados. Pero nadie duda de que los nubarrones que se avecinan en relación con el Tratado terminarán afectando a la capacidad de respuesta de los Veintisiete en estas y otras áreas prácticas.

A diferencia de lo ocurrido en 2005, cuando franceses y holandeses rechazaron la Constitución europea, la UE no ha decretado esta vez ninguna "pausa" indefinida, y no quiere dar por muertas sus reformas, pese a que el tratado no podrá entrar en vigor mientras no lo ratifiquen todos sus estados miembros.

Aunque esta cumbre semestral pretendía minimizar la crisis abierta por el no irlandés, la República Checa ha añadido incertidumbre al caso al negarse a garantizar su propia ratificación. El primer ministro checo, Mirek Topolánek, lo ha expresado a la prensa con meridiana claridad: "No voy a forzar a los parlamentarios a respaldar Lisboa y no apostaría cien coronas (4 euros) por el "sí" checo", ha dicho en Bruselas.

Sus socios europeos han tenido que reconocer por escrito que la ratificación checa no está asegurada y que sigue pendiente del dictamen jurídico que emitirá el Tribunal Constitucional de ese país, no antes del otoño. Corresponderá al presidente francés, Nicolas Sarkozy, gestionar la crisis irlandesa a partir del 1 de julio, fecha en que Francia asumirá por seis meses las riendas de la Unión Europea.

En 2005 Francia no quiso ni siquiera considerar la posibilidad de organizar un segundo referéndum para salvar el Tratado constitucional, lo que unido al no holandés significó la muerte de la Constitución europea, cuando nueve estados miembros, entre ellos España, ya la habían ratificado. Es dudoso que con ese precedente Sarkozy pueda convencer al Gobierno irlandés de que la única salida al atolladero pasa por repetir la consulta en Irlanda en algún momento.

Por activa y por pasiva, el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durâo Barroso, ha negado en estos días que existan miembros de primera y de segunda y ha reiterado que todos, grandes y pequeños, tienen en la UE "la misma dignidad". Quien ha parecido más impaciente por este nuevo bloqueo ha sido la canciller alemana, Angela Merkel. Europa, según ella, "no puede permitirse el lujo" en estos momentos de pararse a reflexionar demasiado sobre el no irlandés.

El presidente del Parlamento Europeo, su compatriota Hans-Gert Pöttering, ha urgido a los gobiernos a hacer todo lo posible para que el tratado entre en vigor a tiempo para las elecciones europeas de 2009. El bloqueo irlandés introduce una enorme incertidumbre sobre las reglas de funcionamiento de la Unión, empezando por el número de miembros de la propia Eurocámara, y también sobre la proyectada ampliación a los países de los Balcanes occidentales.

Sarkozy, en una declaración tal vez destinada a presionar a los checos, partidarios de esa ampliación, ha dejado claro que no podrá haber nuevas adhesiones mientras no desenreden los Veintisiete la madeja de Lisboa.

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