El enviado de EEUU pone firme al presidente afgano

  • Richard Holbrooke exige a Karzai que luche eficazmente contra la corrupción y la producción y el tráfico de heroína

Hamid Karzai debe ser uno de los pocos afganos que echa de menos al ex presidente de Estados Unidos. George Bush siempre protegió al presidente afgano, aun cuando las críticas a Karzai desde el extranjero, pero también de su propio pueblo, arreciaban cada vez más durante los últimos años.

El nuevo enviado especial de EEUU, Richard Holbrooke, empezó a hacerse una primera idea de la crítica situacion en Afganistán. Y conocido por ser una persona que no se anda con rodeos, Holbrooke le dejará probablemente claro a Karzai que en Washington soplan vientos nuevos.

Hace poco, The New York Times informó de un incidente que permite presagiar que la relación con el presidente de Estados Unidos, tan armoniosa en el pasado, será turbulenta con el nuevo equipo de Barack Obama. Durante una cena con el entonces senador y ahora vicepresidente estadounidense, Joe Biden, Karzai intentó hace un año minimizar el problema de la corrupción dentro de su Gobierno, señala el diario citando a uno de los presentes en aquella reunión. "Esta cena se ha terminado", replicó entonces Biden antes levantarse e irse.

En efecto, Afganistán ocupa el puesto 176 de 186 países en el índice de corrupción de Transparencia Internacional y Afganistán se ha convertido en el primer productor mundial de opio, la sustancia base para la heroína.

Los talibanes financian su presupuesto de guerra con el cultivo de adormideras verdes y el tráfico de drogas. Aunque miles de insurgentes fueron abatidos durante los últimos años, los rebeldes tienen hoy más fuerza.

En Afganistán murieron el año pasado casi 300 soldados extranjeros, más de cuatro veces más que en 2002, el primer año de las operaciones de las tropas internacionales (ISAF). En el país hay ahora más de 70.000 soldados de más de 40 distintos países estacionados, a pesar de lo cual siguen habiendo casi a diario combates o ataques de los rebeldes.

Otro problema que no pueden solucionar las tropas extranjeras es el alto número de bajas civiles en el conflicto. Durante su primer viaje a Afganistán, Hoolbroke habrá constatado con consternación que en enfrentamientos recientes entre soldados australianos y talibanes murieron otra vez cinco niños.

Y mientras los líderes de la guerra regionales y los "barones de la droga" se construyen lujosas villas en Kabul, la pobreza aumenta entre la población. La reconstrucción, prometida por Occidente, avanza mientras tanto a paso muy lento. Aunque ha habido avances considerables, en los sectores de la educación y la salud, éstos no bastan para estabilizar el país aunque la miseria tampoco es sólo culpa de Karzai, que quiere repetir mandato.

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