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Los israelíes acusan al Líbano de llevar a cabo un ataque premeditado

  • El Gobierno de Netanyahu y las fuerzas de la ONU confirman que los soldados judíos estaban en su territorio cuando fueron disparados · Tensión en la frontera con el refuerzo de la presencia militar israelí

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Los peores enfrentamientos en cuatro años entre el Líbano e Israel han despertado las alarmas en toda la región. La vuelta a la rutina de ayer parecía tratar de echar una cortina de humo sobre las cuatro víctimas mortales de este martes, pero ni Israel, ni Líbano ni las tropas de la ONU apartan la mirada de una de las fronteras más problemáticas de Oriente Próximo.

A medida que transcurría la mañana, con los medios internacionales expectantes a la evolución de la situación y la prensa local de ambos países lanzando acusaciones contra el vecino enemigo, las localidades de Adissyeh y de Misgav Am, en el Líbano e Israel respectivamente, parecían devolver a sus habitantes al ritmo habitual.

Los soldados israelíes volvían a desplegarse por la misma zona, empuñaban sus herramientas y seguían con la tarea pendiente: limpiar de árboles la zona cercana al kibutz de Misgav Am, que sobrepasan de la frontera israelí y se expanden por la zona de seguridad entre Israel de la línea azul, su frontera oficial con Líbano.

Al tiempo que los mandos israelíes volvían a poner en marcha sus trabajos en la zona, autorizados por el Ejército libanés a través de comunicaciones con la Finul, las tropas internacionales que vigilan la zona arrojaban luz sobre lo sucedido del enfrentamiento: Israel se encontraba en su territorio cuando fue atacado por las fuerzas libanesas, afirmó un portavoz de las tropas internacionales.

Uno de los portavoces de Finul, Andrea Tenenti, aseguró ayer que Israel estaba todavía en la zona sur de la línea azul cuando llevaba a cabo las labores para despejar los árboles de la zona y fue atacado. Las declaraciones de la misión de la ONU desmontaban así las acusaciones libanesas de que los tanques y excavadoras israelíes habían invadido su territorio obligándole a violar la declaración 1.701 de la ONU que establece desde 2006 un alto el fuego entre ambos países.

Mientras cada país enterraba a sus víctimas del martes, dos soldados libaneses, uno israelí y un periodista libanés, los gobiernos de ambos países seguían enzarzados en una guerra mediática.

Oficiales del Ejército israelí acusaban a Líbano de utilizar información facilitada a la Finul -que en la zona se encuentra bajo mando de militares españoles- para llevar a cabo un ataque "premeditado".

De si fue premeditado o no, de si encenderá la chispa de un conflicto mayor y de las razones que podría tener el Líbano para disparar por primera vez en cuatro años de relativa calma en la frontera llenaban los titulares de la prensa de ayer, sin que ninguno de ellos se atreviese a descartar que en una región imprevisible todo es factible. "El ataque mortal fue planeado y minutado, aparentemente incluso por Nasrallah", titulaba el periódico hebreo Ma'ariv refiriéndose al líder de la organización chií libanesa apoyada por Irán, Hezbolá.

El diario hebreo, al igual que el Yediot Ahronot, apuntaban a la presencia del periodista que murió en el enfrentamiento y que trabajaba para el periódico libanés Al-Akhbar, cercano a Hezbolá, así como a la de otros fotógrafos, que estaban allí antes de tiempo para presenciar la escena, como una prueba de la colaboración entre la organización chií y el Ejército libanés. Otros diarios apuntaban a un simple choque que podría ser tan rutinario como las actividades que uno y otro Ejército llevan a cabo a escasos metros del enemigo, siempre bajo el paraguas de la desconfianza.

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