Un profesor de Harvard, nuevo primer ministro tibetano en el exilio

  • Lobsang Sangay ha obtenido el mejor resultado logrado por un primer ministro. Jurará su cargo después del 15 de agosto, cuando finalice el mandato del actual primer ministro

Un profesor de Harvard se proclamó primer ministro del Gobierno tibetano en el exilio, con la apremiante tarea de poner en orden la sucesión política del dalái lama, anunciada en marzo por el líder espiritual budista.

Lobsang Sangay, de 43 años y licenciado en derecho, logró el 55% de los casi 49.200 votos emitidos por los tibetanos en el exilio en las elecciones de marzo pasado, dijo el jefe de la Comisión Electoral, Jampal Chosang, que anunció este miércoles los resultados.

"Es el mejor resultado logrado nunca por un primer ministro", opinó Chosang.

Sangay será el tercer kalon tripa (primer ministro) del Gobierno tibetano en el exilio, que tiene su sede en la ciudad norteña india de Dharamsala, en la que se refugió el dalái lama tras el fracaso de la revuelta tibetana contra China del año 1959.

Según detalló Chosang, Sangay logró una cómoda ventaja sobre el segundo candidato más votado, el alto funcionario Tenzin Namgyal, que obtuvo un 37,4% de los sufragios, y sobre el diplomático Tashi Wangdi, tercero con un 6,44%.

El índice de participación fue del 58,9% de los tibetanos. "Es un buen dato", manifestó el jefe de la Comisión Electoral telefónicamente desde Dharamsala.

"En las anteriores elecciones la participación fue del 32 por ciento", añadió.

En los comicios celebrados el pasado 20 de marzo los votantes eligieron además a los 43 diputados que formarán el nuevo Parlamento en el exilio, aunque la Comisión Electoral no ha establecido por el momento las afinidades políticas de los electos.

Lobsang Sangay es en la actualidad docente en la universidad estadounidense de Harvard y, según confirmó una fuente de su equipo de campaña, no tiene previsto viajar a la India hasta comienzos de mayo.

Su primera y más urgente misión es poner orden a la sucesión del líder espiritual tibetano, quien anunció el pasado mes de marzo su decisión de desligarse de los asuntos políticos para centrarse en su rol como líder espiritual del budismo.

Diversos medios indios e internacionales afirman que Sangay asumirá al menos parte de las funciones que hasta ahora ejercía el dalái lama, aunque el proceso está aún pendiente de la decisión del Parlamento y, en su caso, una reforma de su Carta Magna.

"Aún no hay nada decidido. El Parlamento actual celebrará una sesión a finales de mayo en la que se pronunciará sobre una posible reforma", dijo el secretario de la Cámara, Tenzin Norbu.

Según Chosang, el nuevo kalun tripa jurará su cargo "después del 15 de agosto", una vez finalizado el mandato del actual primer ministro, el profesor Samdhong Rinpoche.

El Gobierno tibetano en el exilio no está reconocido formalmente por ningún país del mundo, y el hecho de que tenga su sede en la India es uno de los principales contenciosos entre este país y China, del que forma parte hoy día Tíbet.

El nuevo kalun tripa encarna a una nueva generación de dirigentes tibetanos que nunca han podido visitar su tierra, nacidos ya en el exilio y llamados a tomar el relevo del movimiento de manos del dalái lama, quien a sus 75 años sufre problemas de salud.

El dirigente budista, a la cabeza de un sistema teocrático, ha sido la punta de lanza de los tibetanos en el exilio desde el año 1959, pero anunció en marzo su renuncia política para garantizar la permanencia de las instituciones de Dharamsala cuando él muera.

"Aunque el dalái lama deje a un lado su papel político, todo indica que su opinión seguirá teniendo un peso específico y dominante para los tibetanos", valoró la experta india Bhavna Singh, del Instituto de Estudios de Paz y Conflicto.

Según Singh, la cómoda victoria de Sangay viene de su credibilidad para el diálogo con las autoridades chinas, a quienes había presentado su agenda política con "cierto éxito", aunque el nuevo candidato deberá vencer su falta de carisma internacional.

Al igual que el dalái lama, Sangay no demanda un Tíbet independiente: se conforma con que las autoridades chinas acepten la libertad religiosa y el respeto a los derechos humanos en este histórico desierto alpino junto a los Himalayas.

En el exilio viven actualmente unos 140.000 tibetanos.

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