Los socialistas europeos dan la puntilla a las aspiraciones de Blair

  • La izquierda europea prefiere el puesto de ministro de Exteriores de la UE, por lo que la Presidencia recaerá en un político conservador · Zapatero también retira su apoyo al ex 'premier' británico

El ex primer ministro laborista británico Tony Blair puede olvidarse ya de la presidencia estable de la Unión Europea que prevé el Tratado de Lisboa.

Sus correligionarios de filas, el grupo de socialistas y socialdemócratas en el Parlamento Europeo, presididos por el alemán Martin Schulz, y con la connivencia del presidente José Luis Rodríguez Zapatero, han cedido al turbio juego de poder de la UE y cayeron en un trueque.

"Quid pro quo". Como reza el dicho latino: algo a cambio de algo. Como una mercancía de intercambio, los socialistas europeos, el segundo grupo en la Eurocámara tras los conservadores, prefirieron optar al puesto de nuevo "jefe de la diplomacia europea", que dejará vacante en breve Javier Solana.

En función del complejo juego de poderes de la UE, de forma automática, el puesto de "presidente" de la UE, que dará al bloque mayor peso político exterior ante las grandes potencias europeas, irá para un conservador.

"Nuestras preferencias van para el puesto de Alto Representante", comentó Schulz, tras la reunión de los socialistas europeos, previa al Consejo Europeo de Bruselas, que se celebra hasta esta viernes en la capital belga.

De nada han servido los esfuerzos del premier británico, Gordon Brown, para publicitar las bondades de Blair, un nombre caído en desgracia entre los propios socialistas, por su papel excesivamente escorado hacia la Casa Blanca durante la pasada guerra de Iraq y por su discreto papel como mediador en Oriente Próximo.

De momento, los 27 siguen esperando a que la República Checa firme, tras un largo juego dilatorio, el Tratado de Lisboa, sin el cual los nuevos puestos europeos no podrán crearse.

Tras mantenerse durante meses como candidato único a ese nuevo puesto, Blair aparecía desde hace días como un ángel caído, después de que los dos principales motores de la UE, Francia y Alemania, expresaran abiertamente dudas sobre la idoneidad del ex primer ministro laborista.

No hace falta ser experto en lides comunitarias europeas para saber que sin la bendición del eje París-Berlín (antes París- Bonn) -sobre el que se ha construido la Europa política desde 1957- resulta virtualmente imposible ganar. Blair tenía también en su contra a un núcleo duro integrado por los socios del Benelux (Bélgica, Holanda y Luxemburgo), a los que se sumaron Austria y Polonia, temerosos de que el británico les mantenga al margen de las grandes decisiones de la UE si es elegido.

Descartado el nombre del ex presidente socialista español Felipe González, que se ha autoexcluido de la lista oficial, dos nombres surgen con fuerza desde hace semanas para ocupar el nuevo puesto de "presidente de la UE": el del primer ministro de Holanda, Jan Peter Balkenende, y el del primer ministro de Luxemburgo y presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker.

La cumbre de jefes de Estado y de Gobierno se centrará en un debate, con escasas perspectivas de acuerdo, sobre la ayuda que dará la Unión Europea a los países pobres para reducir sus emisiones de gases contaminantes. La Comisión Europea resalta que sin esta ayuda será imposible que concluya con éxito la cumbre que se celebrará en diciembre en Copenhague, que tiene como objetivo alcanzar un acuerdo internacional de lucha contra el cambio climático que sustituya al protocolo de Kioto.

Bruselas ha propuesto que la UE dedique entre 2.000 y 15.000 millones de euros anuales a la altura de 2020 para ayudar a los países pobres luchar contra el cambio climático.

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