Se van, pero la guerra sigue

  • A pesar de la incertidumbre de los iraquíes por la retirada de las tropas de EEUU, el Gobierno afirma que el Ejército local está preparado para afrontar los desafíos futuros

Los iraquíes viven con incertidumbre la salida de las últimas tropas de combate de EEUU porque, aunque unos 50.000 soldados norteamericanos permanecerán para labores de adiestramiento, la violencia ha aumentado en las últimas semanas.

"¿Y ahora qué?", se preguntan muchos ciudadanos después de que el último batallón estadounidense entrara en el vecino Kuwait, procedente de Iraq.

"El Ejército iraquí no es fuerte para afrontar la seguridad", señaló el taxista iraquí Chamel Abdala, quien consideró que a su país le espera un futuro incierto dada la ausencia de un consenso político.

En las últimas semanas, la violencia se ha recrudecido con un aumento de los atentados. El último, el pasado miércoles en un centro de reclutamiento del Ejército en Bagdad donde casi medio centenar de personas perdieron la vida.

Para disipar esos temores, el portavoz del Ejecutivo iraquí en funciones, Ali al Dabag, explicó ayer que el repliegue estadounidense se llevó a cabo con la planificación de ambos gobiernos y subrayó que los preparativos de los cuerpos de seguridad de Iraq son suficientes para afrontar los desafíos futuros.

"Hemos optado por asumir la misión de mantener la seguridad del país nosotros solos, sin la necesidad de ayuda de tropas extranjeras", agregó el portavoz.

Sin embargo, el pasado día 11, el jefe del Estado Mayor iraquí, el general Babakar Zibari, reconoció que el Ejército no estaba preparado para asumir toda la responsabilidad de las misiones y que no estaría consolidado hasta el 2020.

Para el experto en grupos armados Nazem al Yaburi, las Fuerzas Armadas iraquíes están mal equipadas porque una gran parte del dinero que el Ejército recibió para gastar en armamento se perdió por culpa de "la corrupción financiera y administrativa".

A ello se suma "la debilidad" de los dirigentes locales porque, según explicó Al Yaburi, hay una confusión entre la aplicación del sistema estadounidense, en el que se basó la construcción del nuevo Ejército, con los procedimientos utilizados durante la época del fallecido dictador Sadam Husein.

Sin embargo, también hay ciudadanos que se alegran de la retirada. Un ejemplo, el joven Haizam Meky, de 17 años, y residente en el barrio bagdadí de Al Mansur, que no ocultó su satisfacción por la partida de los uniformados de EEUU.

"Destruyeron los muebles de nuestra vivienda y golpearon brutalmente a mi padre", afirmó Meky, quien recordó con pesar un día hace seis años y dos meses, cuando soldados estadounidenses irrumpieron por la fuerza en su casa.

Coincidiendo con el repliegue, el primer ministro iraquí en funciones, Nuri Al Maliki, y el nuevo embajador de EEUU en Bagdad, James Jeffrey, mantuvieron una reunión en la capital iraquí.

En la cita, Al Maliki destacó la importancia de "reforzar los lazos entre Iraq y EEUU, y de reactivar el acuerdo marco estratégico en todos los campos para desarrollar los lazos comunes".

Al Maliki se refería al pacto de seguridad firmado en diciembre del 2008 entre ambos países que estipulaba la retirada total estadounidense para finales del 2011.

Jeffrey, por su parte, reiteró el respaldo de EEUU al proceso político y democrático y a los partidos de Iraq en los esfuerzos para formar un nuevo Ejecutivo, cuya creación lleva paralizada desde los comicios del pasado 7 de marzo por la falta de consenso entre las distintas coaliciones.

Pese a la retirada de las tropas, ni la Casa Blanca ni el Pentágono dieron por finalizada la misión en Iraq, fijada para el 31 de agosto.

Según la cadena de televisión CNN, la salida de las últimas tropas deja a unos 56.000 soldados en el país, aunque deben marcharse 6.000 adicionales para que se cumpla la meta del presidente de EEUU, Barack Obama.

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