Crítica de Cine

Adivina quién se aparece a cenar

la invitación

Terror, EE UU, 2015, 100 min. Dirección: Karyn Kusama. Guión: Phil Hay y Matt Manfredi. Fotografía: Bobby Shore. Música: Theodore Shapiro. Intérpretes: Logan Marshall-Green, Tammy Blanchard, John Carroll Lynch, Michiel Huisman y Emayatzy Corinealdi. Cines: Albéniz.

Pese a los pobres créditos de los guionistas Phil Hay y Matt Manfredi (El esmoquin, Furia de Titanes o RIPD Departamento de Policía Mortal) y de la realizadora Karyn Kusama (una criatura del Sundance Festival que tras un prometedor debut con Girlfight después perpetró los bodrios Aeon Flux y Jennifer's Body), esta película da más de lo que podría esperarse tras tan escuálidos antecedentes. Sobre todo en su realización.

Tras la muerte de su hijo un matrimonio separado se reúne, junto a sus nuevas parejas y algunos amigos, para cerrar heridas. Desgraciadamente para los invitados -el ex marido y su nuevo amor- la herida no solo se abrirá, sino que de ella manaran humores inquietantes y hasta terroríficos. Porque andan de por medio las sectas y… algo aún peor. El esquema, ya cansino -e incluso cansino desde su origen en Reencuentro de Kasdan- de la reunión de maduritos que se ponen al día se vuelve aquí hacia el suspense y el miedo con cierta eficacia y las necesarias trampas.

Si quieren le pueden poner especias de su cosecha para darle más sabor: auge de las sectas en el declive de las religiones institucionalizadas, incapacidad para afrontar el miedo a la muerte o el dolor de la pérdida, superficialidad de una sociedad que inventa respuestas chicas a las grandes preguntas o -lo que es peor- que cae víctima de peligrosos engaños… Y así hasta donde quieran. Aunque lo mas recomendable, por ser lo más adecuado a las posibilidades argumentales, es que la tomen como lo que es: una entretenida obra de tensión bien envuelta.

Porque hay más forma que contenido en esta película mediocremente escrita pero muy bien planificada, con un sello de calidad en la excelente fotografía de Bobby Shore, que está visualmente por encima de lo que cuenta. Lo mismo sucede con las interpretaciones, más sólidas que los personajes.

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