Alegorías masónicas para celebrar el solsticio de verano de manera ilustrada

  • Musicólogos de toda orientación definen 'La flauta mágica' como un monumento a la masonería

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A muchos, la proximidad de la representación en Málaga de La flauta mágica con la celebración de la noche de San Juan y el solsticio de verano pasará inadvertida, pero los más suspicaces verán más que una mera coincidencia. Si el 24 de junio es un día altamente significativo en el calendario masónico, La flauta mágica es, según no pocos musicólogos e historiadores, el mayor monumento musical y artístico erigido en honor de esta sabiduría, por lo que el recurso a la gran ópera para festejar la efeméride no es extraño en las más diversas logias de todo el planeta.

Mozart estrenó La flauta mágica en el Theater an der Wien de Viena, el 30 de septiembre de 1791, dos meses antes de su muerte. Tanto el libreto (obra de Emanuel Schikaneder, quien según algunas fuentes pudo ser hermano de Mozart e interpretó a Papageno en aquella primera representación) como la partitura presentan numerosas referencias simbólicas a la Ilustración y a la masonería, que entonces era considerada en Austria una asociación peligrosa peligroso. Mozart se había enrolado en la logia francmasónica de Viena en 1784 y ya al año siguiente fue nombrado oficial masón. Tanta fue la influencia que la logia ejerció en su vida que su propio padre, Leopold Mozart, terminó ingresando en ella en 1785. Como francmasón, el compositor seguía la doctrina más racionalista del espectro masónico, que abogaba por los postulados de la Ilustración frente a las supersticiones sostenidas desde la Iglesia. El genio salzburgués respondía a esta vocación desde una postura humanista que, tal y como reza el propio argumento de La flauta mágica, rechazaba la intolerancia y los prejuicios. La cuestión hoy es: ¿habrá francmasones en el Cervantes?

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