América, América

Teatro Cervantes. Fecha: 17 de junio. Piano: Cedric Tiberghien. Director: Edmon Colomer. Programa: Variations onAmerica, de W. Schuman; Sinfonía nº 2 para piano y orquesta, La edad de la ansiedad de L Bernstein; y City noir, de J. Adams. Aforo: Tres cuartas partes.

¿Se imaginan las caras de la parroquia si, en plena Plaza de la Constitución, una de las bandas que acompañan a las procesiones de Semana Santa se saliera del guión y tocara el Personal Jesus de Depeche Mode? Algo similar debió pasar por la cabeza del joven Charles Ives organista de la Iglesia metodista de Danbury cuando ideó sus variaciones para órgano del que fuera de facto himno nacional norteamericano, América, hasta la adopción del famoso Barras y estrellas. La versión para orquesta que Schuman escribiera de esta genial travesura en clave patriótica sirvió de apertura al último concierto de la temporada de abono en el Cervantes.

La OFM ofreció una interpretación muy correcta y seria, tanto que el componente lúdico, acentuado en la orquestación de Schuman, quedó quizás algo desdibujado. El programa, compuesto íntegramente por pesos pesados de la música estadounidense, lo completaban dos obras importantes: La edad de la ansiedad de Bernstein, y la reciente City Noir, de John Adams; ambas interpretadas por vez primera en nuestro país.

El carácter profundamente personal y espiritual de la Segunda Sinfonía de Bernstein encontró en el pianista Cédric Tiberghien un extraordinario intermediario. Más que una interpretación que buscara el virtuoso punto medio entre los extremos, Tiberghien desplegó una pasmosa capacidad para la síntesis de contrarios. Fue una actuación de contención perfectamente administrada: desenfadada, pero seria al mismo tiempo; definida y clara como un deletreo, pero sin menoscabo de la musicalidad de la composición.

Inspirado por la crónica de Kevin Starr, Americans and the California Dream, Adams evoca en City Noir la atmósfera de Los Ángeles a finales de los 40. Una ciudad sonora que no se concibe como espacio físico o como entramado de personajes, sino como "fuente inagotable de experiencias sensoriales", en la que las secciones de metales y percusión adquieren un enorme protagonismo, hasta desembocar en el tutti final, a modo de feliz colofón de la temporada que termina.

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