Ang Lee sirve su comedia a la generación de Woodstock

  • El taiwanés entusiasmó a la crítica y el francés Jacques Audiard estuvo a la altura con el drama carcelario 'Un prophète'

Del infierno de la cárcel al paraíso del Festival de Woodstock. Ese ha sido el recorrido que la crítica hizo hoy en el Festival de Cannes con las dos películas presentadas a concurso: Un prophète, del francés Jacques Audiard y Taking Woodstock, del taiwanés Ang Lee. Si la segunda cautivó, la primera entusiasmó.

Audiard secuestra al espectador durante dos horas y media para acompañar en la cárcel a un joven árabe analfabeto, que consigue sobrevivir a los clanes de una prisión francesa guiado por su instinto de supervivencia. No quería hacer un cine de denuncia, afirmó el director. "Quería enseñar que la prisión es una metáfora de la sociedad". Lejos de cualquier análisis sociocultural, Audiard se rige por la idea de un mundo en declive y otro que nace. "El Profeta es un término normalmente está asociado a la religión, pero para nosotros anuncia un nuevo modelo de criminal, que no es necesariamente un psicópata", añadió.

Para Audiard, el primer cineasta francés en la competencia, el género de películas de prisiones está demasiado influenciado por la imagen ofrecida en las películas estadounidenses. El cineasta tampoco quiso que la película se pareciese demasiado a los documentales sobre el mismo tema. Sin juzgar al protagonista, el debutante Tahar Rahim, el espectador va siguiendo la evolución de un joven, que entra la cárcel como un don nadie y sale como un jefe de un clan de malhechores. Lo que aprende en la prisión, lo emplea fuera.

También gustó la comedia Taking Woodstock, una película sobre el legendario concierto que tuvo lugar en Nueva York en 1969, tres días de música, paz y amor que han pasado a la historia como un referente cultural. Después de seis tragedias consecutivas, el director comentó que ya tenía ganas de hacer una comedia "pero sin cinismo". Lee (Taiwan, 1954), al que le gustaría volver a rodar otra comedia, apenas era un adolescente cuando vio por televisión las imágenes de aquella enorme concentración de jóvenes a miles de kilómetros de su casa en Taiwan. "No todos eran hippies, el 99% era gente que simplemente quería estar allí", señaló el autor en rueda de prensa. Además de la música brillante, Woodstock deja como legado el hecho de que se reivindicar vivir en paz, con igualdad entre razas y de forma especialmente respetuosa con la madre naturaleza, indicó. En plena Guerra de Vietnam, meses después de la masacre de My Lai, del asesinato de Martin Luther King y de Robert F. Kennedy, Woodstock atrajo a cientos de miles de personas que querían romper con lo establecido.

"Con los años Woodstock ha adquirido un significado simbólico", señaló el director, para quien Woodstock supone "la pérdida de la inocencia de una generación que buscaba encontrar un modo pacífico de convivir". En aquel momento se plantearon cosas que ahora se toman más en serio, comentó Lee, que se acerca al espectador a aquellos tres días de paz y amor, música y drogas.

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