Antonio Banderas y Dani Rovira sellan la noche del cine español

  • Banderas recibió el Goya de Honor de manos de Almodóvar con un emocionante discurso, mientras Rovira, que brilló como presentador, ganó el premio al mejor actor revelación

Uno de los hombres de la gala de los Premios Goya, celebrada ayer en su vigésimo novena edición, y tal vez a su pesar, fue el ministro de Cultura, José Ignacio Wert, blanco de todas las miradas a cuenta del morbo y su ausencia el año pasado. Y llegó el tal Wert, en plan conciliador, afirmando a la prensa nada más comparecer que el cine español tenía mucho que celebrar anoche: "Hay entre las diez películas más vistas, tres españolas y por primera vez cinco superan el millón de espectadores, eso es algo para celebrar". Y sí, a pesar del IVA, del desmantelamiento de la industria, del descrédito de algunos compañeros ministros y otros obstáculos, el cine español celebró anoche lo que tuvo que celebrar. Y todo, como se esperaba, con acento andaluz y particularmente malagueño. De entrada, el que puso Dani Rovira como presentador del sarao, cantando con otras estrellas del ramo Resistiré: toda una reivindicación bien clarita antes de ganar el Goya al mejor actor revelación. Y, por cierto, casi le faltó tiempo para nombrar a Málaga, en plan pregonero, apenas saludar al susodicho Wert. El humorista y Antonio Banderas sellaron así con acento malagueño una noche histórica para el cine español.

El desfile malagueño empezó con chasco: la realizadora argentina Victoria Sohares Ripoll, residente en la ciudad, no se trajo el Goya al mejor corto de animación con su El hombre del abrigo interminable a favor de Juan y la nube. Y siguió con tono menos dado a la fiesta cuando el gran Karra Elejalde le arrebató a Antonio de la Torre (aspirante por La isla mínima) el Goya al mejor actor de reparto, que ganó por Ocho apellidos vascos. De la Torre volvió a quedarse con la miel en los labios en esta categoría, lo que representa ya una triste tradición que merece una solución bien distinta cuanto antes.

Pero los Goya quedaron ganados por siempre para Málaga cuando Antonio Banderas subió a la tarima a recoger el Goya de Honor. Pedro Almodóvar presentó al homenajeado, al que, tras un serio desplante a Wert ("Un abrazo a todos los amigos del cine; esto no le incluye a usted"), agradeció "que haya depositado en mis manos su talento y se haya lanzado a todos los abismos a los que he empujado". El director fue tajante al afirmar que "los 80 fueron suyos", mientras que en los 90 "logró algo muy difícil, que sólo hasta entonces había logrado Fernando Rey", en referencia al éxito en Hollywood del malagueño. Banderas ofició un discurso rotundo y emocionante, que comenzó, tras la evocación de una divertida anécdota con Taylor Swift, con verdadero fuego: "Todo lo que tengo se lo debo a mi profesión. Más aún, todo que soy: la vida como una aventura, o como un juego". Banderas citó a Picasso, al que encarnará, si no hay más sorpresas, este mismo año a las órdenes de Carlos Saura: "Vengo de lejos, pero sigo siendo un niño". Y apostilló: "Pues eso, un chavea de Málaga. Si miro hacia atrás, me veo viejo. Pero, si miro hacia adelante, me siento muy joven. Si miro hacia el pasado, recuerdo a todas las personas con las que he compartido el oficio y de las que he aprendido, las más conocidas y otros a los que nadie pide un autógrafo". Recordó a sus padres, las dos presencias que quedaron en la Estación de Málaga un día de agosto de 1980, "cuando me subía al tren Costa del Sol con destino a Madrid para convertirme en aquello que admiraba. Entonces me prometí que nunca volvería a Málaga con las manos vacías. Con este Goya, el objetivo queda cumplido, pero sólo en parte". Después de argumentar que la crisis "es el estado natural del cine, y a ella debemos abrazarnos, a la inseguridad y la incertidumbre", y de reivindicar el cine español como depositario de una tradición cultural "de la que forman parte Goya, Picasso, Falla, Machado, pero también Buñuel, Saura, Erice y Almodóvar" frente al negocio de la "mediocridad", sentenció: "No sé si este Goya me llega cuando me tenía que llegar, ni si me lo merezco. Pero sí sé que he sobrevivido al páramo del fracaso y a la luz de gas. Ahora sé que elegí este camino porque sabía que la cultura y el arte son la mejor manera de entender el mundo en que me ha tocado vivir". Tras una dedicatoria a su hija, Stella del Carmen, al borde de las lágrimas, Banderas concluyó: "Me voy. Ahora empieza la segunda parte del partido de mi vida".

Tampoco se llevó el Goya la malagueña Mercedes León por La isla mínima, de nuevo a favor de Ocho apellidos vascos con Carmen Machi, que dedicó el premio a Amparo Baró. Carlos Marqués-Marcet ganó el Goya al mejor director novel por 10.000 km, triunfadora en el Festival de Málaga. El presidente de la Academia del Cine Español, Enrique González Macho, pidió a Wert, como correspondía, la bajada del IVA cultural. Dani Rovira remató con su Goya su gran noche. Al cierre de esta edición, La isla mínima sacaba ventaja. Hubo, en fin, para (casi) todos.

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