Apollinaire, una vida sin signos de puntuación

  • Se cumplen 90 años de la muerte de un poeta, ensayista y crítico clave en los movimientos vanguardistas del siglo XX

La mejor manera de recordar a Guillaume Apollinaire sería escribir este artículo sin comas ni puntos honrando su legado de poemas claves en la vanguardia literaria del siglo XX y una sensibilidad que marcó a generaciones de pintores y poetas, cuando ayer se cumplieron 90 años de su muerte.

Apollinaire (Roma, 1880-París, 1918) que proclamase en su poema Cortejo: "Un día / Un día me esperaba a mí mismo / Yo me decía Guillermo ya es hora de que llegues / Para que sepa al fin quién soy el que soy / Yo que conozco a los demás". Y este "soy el que soy" pertenece a su poemario clave, Alcoholes, que compila versos que fueron escritos desde 1989 hasta 1913 y con el que se le reconoce una labor como poeta tan importante como la que tuvo Rimbaud.

De éste y otros rapsodas simbolistas -Charles Baudelaire y Paul Verlaine- es de donde procederá su influencia de la tradición poética para tomar impulso en la experimentación con la tipografía y la ausencia de signos de puntuación. De ahí parte el segundo de sus libros claves Caligramas que fuese escrito por el poeta entre 1913 y 1916, cuando luchaba en pleno frente en la Primera Guerra Mundial hasta que resultó gravemente herido.

Sufrió una herida en el cráneo mientras leía metido en una trinchera cerca de Verdún (noreste de Francia), en 1916, lo que ocasionó que posteriormente padeciese parálisis en una zona de su cuerpo, dos años antes de morir de la gripe española que tantas vidas minó en Entreguerras.

No está de más recordar a Apollinaire en estos días en los que el Museo Thyssen-Bornemisza, en Madrid, dedica -hasta finales de enero de 2009- una exposición a la intelectualidad y los movimientos artísticos que se fraguaron antes de la Primera Guerra Mundial y lo que ocurrió durante este conflicto bélico bajo el título ¡1914!. La vanguardia y la gran Guerra.

Cuando se habla de Apollinaire, más allá del poeta "concreto" de los Caligramas o de su obra surrealista Los pechos de Tiresias, se habla de uno de los ensayistas y críticos de arte que definió manifiestos de movimientos artísticos claves del siglo XX. Reconocidos son sus textos sobre el cubismo en Meditaciones estéticas. Los pintores cubistas (1913), así como, sobre La antitradición futurista (1909) o el manifiesto ultraísta, redactado con Marinetti en 1918.

Su relación con el mundo artístico fue de primera mano, cultivó amistad con las figuras más relevantes de todos los movimientos que en esa época bullían en los cafés de Montmartre en París, de ahí que haya retratos de él colgados en pinacotecas prestigiosas.

Picasso, Maurice de Vlaminck, Rousseau y tantos otros retrataron a Apollinaire porque todos eran amigos y en ocasiones enemigos, según cómo fuera la vida y los caminos de las vanguardias. Así, en su andadura por la vida bohemia parisina, Apollinaire terminó unos días con sus huesos en la cárcel en 1911 debido a un mal entendido: el presunto robo de la Mona Lisa o Gioconda de Leonardo Da Vinci, del Museo del Louvre, en el que se llegó hasta a mentar el nombre de Picasso.

Guillaume Apollinaire también destacó por su prosa erótica -Memorias de un joven Don Juan (1907)- y la periodística. Pero pasó a la historia por la renovación poética que imprimió y su gran dosis de percepción en la lectura de las artes, y todo ello en un recorrido breve: 38 años de vida sin comas ni puntos, como sus versos.

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