"Aprendí de Azcona que el guionista está siempre al servicio del director"

  • El pequeño de los Trueba presentó ayer 'Los viajes de Sullivan', su película favorita de Preston Sturges, y hoy recordará a Rafael Azcona en su homenaje malagueño

Si tuviese que escoger una película, ¿cuál sería? A esa pregunta. David Trueba (Madrid, 1969) respondió Los viajes de Sullivan (Preston Sturges, 1941). No hace falta preguntarle por su guionista predilecto; es Rafael Azcona (1926-2008), y hoy participará en el homenaje del certamen malagueño.

-¿Por qué ha escogido Los viajes de Sullivan (1941)?

-Porque es una película maravillosa, porque no es tan fácil de ver y es la película perfecta; o mejor, la película manifiesto de todos aquellos que hemos querido hacer algo diferente con la enloquecida pretensión de solo hacer reír a los demás.

-Los Coen le hicieron un homenaje al filme de Preston Sturges en Oh brother, where art thou? (2000). ¿Le gustó?

-Sí, aunque usaron sólo el título. Pero no es la más divertida de ellos. Los Coen tienen una cosa que les inhabilita para completar a Preston Sturges, que es el exceso de firma. Tienen mucho sello, y yo les entrevisté una vez y les encantaba Sturges. Lo bueno de Preston Sturges es que hizo siete películas en cuatro años donde la velocidad, la ausencia de sello y el talento destacan.

-Quizá le haya perjudicado, y sea la razón por la que no es recordado tanto como otros compañeros de generación.

-Sí, y sin embargo sea su mejor virtud. ¿Sabes lo que pasa? Es que fue un estallido, la biografía de Preston Sturges es algo irrepetible en la Historia del cine. Es un hombre que estalló con un talento irrefrenable. No hay que olvidar que Preston Sturges es, aunque la memoria también ha sido rácana con él por ello, el primer director guionista de la Historia del cine.

-Eso es algo no muy conocido.

-Él fue el primer director que acepta cobrar un dólar por dirigir su guión y rueda El gran McGinty, que es su primera película y es un éxito monumental. Y encadena siete éxitos seguidos y después la nada.

-Quizá le sentó mal la Segunda Guerra Mundial.

-Sí, le sentó muy mal el alcohol, la vida que llevaba... le sentaron mal muchas cosas. Probablemente, era una persona caprichosa. Es un personaje, y a mí siempre me gustó mucho y voy leyendo las biografías que se publican de él.

-Si Sturges es su gran maestro americano Azcona es su gran maestro a secas.

-Sí, pero hay dos cosas diferentes. Una es el lado personal, pues por suerte tuvimos una relación intensa, amistosa y cercana. Por lo tanto, es un amigo. Por otro lado, antes en España, cuando te querías dedicar al cine, era complicado encontrar referentes con los que sentirte cómplice. Y más si querías ser guionista. Descubrir que Rafael tenía una trayectoria tan asombrosa, que fue capaz de ser un guionista consolidado en el cine italiano y que en España sus películas se pueden distinguir... es que a mí me es difícil encontrar en el cine mundial un guionista que me haya interesado más que Azcona.

-¿Creaba mejores personajes que historias? ¿Qué le hace tan especial?

-No, él huía de la artificialidad. Él no venía del cine, él se reconocía como un novelista frustrado que llegó al cine como medio de vida. Él nutrió la cine de vida y no de más cine, que es lo habitual. Él ha sido un retratista fabuloso de nuestro país y de un tipo de ser humano. Él tiene grandes historias y grandes personajes, en él iban unidas ambas cosas.

-¿Qué ha robado de Azcona?

-No he robado nada. Cuando hice con él La niña de tus ojos nos divertía escribir a él y a mí a la manera del otro. Una de las cosas que más me gustan de Azcona es la breve línea que supera lo grotesco de lo tierno, lo ridículo de lo emocionante. Nunca escribía para que pareciera que no había guión detrás. Le quitaba gravedad y lo llenaba de vida.

-¿Qué me dice de sus diálogos?

-Era un buen dialoguista en la vida real. Tenía muy buen oído para contar anécdotas: lo que le decía una señora a un cura y así. Luego lo transportaba al cine. También era un cineasta de un tiempo, el de los cafés, como él decía. No era una técnica cinematográfica, sino vital, iba con él.

-Si no le ha robado, ¿qué aprendió de él?

-El buen guionista está siempre al servicio del director. Para otra cosa hay que dirigir o escribir novelas.

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