Pensamiento

Apuntes al sueño de Antígona

  • La Fundación María Zambrano expone parte de sus fondos en la Sociedad Económica de Amigos del País por el 25 aniversario de la muerte de la veleña.

A estas alturas, resultaba difícil justificar que la capital malagueña siguiese sin darse por aludida respecto al 25 aniversario de la muerte de María Zambrano, conmemorado el pasado febrero con diversos actos celebrados en Vélez-Málaga, como la ofrenda en la tumba de la pensadora y la presentación de la nueva entrega de la edición de sus Obras completas, bajo la dirección de la fundación consagrada a la divulgación de la figura y la obra de la autora de Los sueños y el tiempo. Más allá de bautizar con su nombre una estación de tren, Málaga tiene en María Zambrano una oportunidad única de proyección como lugar del conocimiento, ya sólo como ciudad madre de una Universidad que ha dedicado no pocos esfuerzos e instrumentos (el último, la cátedra que dirige Francisco Ruiz Noguera) al mismo empeño. Al final, han tenido que ser la propia Fundación María Zambrano y el Ayuntamiento de Vélez-Málaga los que abriesen camino con la exposición Ejemplo y lección. María Zambrano, 25 años de su muerte, que se inaugura esta tarde en la Sociedad Económica de Amigos del País (Plaza de la Constitución, 7), donde podrá verse hasta el 9 de julio. La ausencia de una colaboración municipal desde Málaga en este proyecto no deja precisamente en buen lugar a las instituciones culturales de la capital, más aún cuando la muestra resulta reveladora e ilustrativa a la hora de dejar claro de quién hablamos cuando hablamos de María Zambrano. Otra vez será, quizá.

El alcalde de Vélez-Málaga y presidente de la fundación, Antonio Moreno Ferrer, presentó ayer la exposición a los medios acompañado del delegado del Gobierno andaluz, José Luis Ruiz Espejo, y de la comisaria, Mariluz Reguero, directora del CAC del municipio axárquico y vinculada también desde hace años a la Sociedad Económica de Amigos del País. Distribuida entre las dos salas expositivas del centro, la exhibición se reparte del mismo modo entre dos secciones dedicadas respectivamente a la vida y la obra de la pensadora. El recorrido biográfico queda recogido en una colección de fotografías de diversos orígenes que han sido tratadas para la ocasión por el Centro de Tecnología de la Imagen de la Universidad de Málaga, mientras que el apartado dedicado a los escritos de María Zambrano y su influencia en la cultura de su tiempo reúne 90 piezas entre documentos, correspondencia, libros y obras de arte. Que todo este material se ofrezca ahora al visitante en la Económica responde también al signo de la Historia: Reguero recordó ayer que la institución malagueña "representó un papel esencial en la vida cultural de Málaga en la Segunda República, cuando tuvo como socio protector a Moreno Villa desde Madrid y cuando trabajaron aquí como bibliotecarios Emilio Prados y Manuel Altolaguirre. Hasta esta casa llegaron poetas como Rafael Alberti, y muy seguramente la propia María Zambrano la visitó también". Reguero subrayó igualmente la función de la Fundación María Zambrano en el regreso de la pensadora a España tras el exilio: "A menudo, la vuelta de los escritores y artistas tras el exilio era un arma de doble filo. Pero Zambrano tuvo un buen regreso, con premios como el Príncipe de Asturias y el Cervantes, y esto fue posible, en gran medida, gracias a que la fundación dispuso para su legado todo un palacio en Vélez-Málaga".

En tiempos de verdadero ostracismo para la filosofía, esta exposición recuerda por qué el pensamiento es esencial en la historia reciente de España. Estructurada en virtud de los distintos episodios biográficos relativos a María Zambrano (los primeros años, la definición de su pensamiento, la relación con la Generación del 27, el éxodo hispanoamericano, el éxodo europeo y el regreso a España), la propuesta reúne pinturas de artistas como Tàpies, Ramón Gaya, Joan Miró, Ginés Liébana, Baltasar Lobo y Baruj Salinas, que compartieron amistad con la veleña de manera más o menos directa. En cuanto a la correspondencia manuscrita reunida, los mostradores presentan cartas de luminarias como Antonio Machado, Luis Cernuda, Rosa Chacel, Elena Croce, José Lezama Lima, José Bergamín, Camilo José Cela y hasta Albert Camus, que impulsó la traducción de varios libros de Zambrano al francés y su publicación en la editorial Gallimard. Tampoco faltan cartas de la misma Zambrano a estos cómplices y otros como Pablo Picasso. El testimonio incluye piezas decisivas como una primera edición del primer libro de la autora, Horizonte del liberalismo (1930), diversos manuscritos, el borrador del discurso del Premio Cervantes, otras muchas ediciones en distintos idiomas de diversos títulos y objetos como sus gafas, el birrete de su doctorado honoris causa y una pitillera traída de Cuba. María Zambrano, que en su dolor y su desarraigo tanto se identificó con Antígona, tiene ahora en Málaga su particular sueño. Soñarlo es estar vivo.

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