Arañazos que hacen cosquillas

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Es normal que la muchachada de Glasgow se echara en los brazos de Franz Ferdinand, porque lo de Mogwai es ya un pelín aburrido. Es mejor bailar con gracia en un concierto que repasar mentalmente la lista de la compra -a lo primero es a lo que incitan los de Alex Kapranos y lo segundo ayuda a soportar algunos de los tramos instrumentales que sonaron en el Cervantes en la noche del pasado martes-.

Lo de Mogwai no es un desastre absoluto, es solo que ni su ejecución ni su temperamento fueron los que pueden levantar las construcciones que sostienen al buen post-rock. Si tu último álbum es de los que no recuerdas haber escuchado, sí es tan flojo, y además te arrastras al terrible ritmo de un batería de escasas aptitudes, no puedes hacer más que tirar del ruido -algo que saben hacer bien y que suele tapar las costuras de las canciones mal tejidas-, pero en el Cervantes no pudieron y les vimos desnudos. Lástima.

Mogwai se encuentra en estado de coma y estirar las enseñanzas de Codeine o Slint ya no les sirve -tampoco les sale-, así que poco se puede esperar de ellos.

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