Arte

Arco 2010, la Andalucía más joven

  • Los artistas emergentes de la comunidad autónoma se miden de manera sugerente con valores más consolidados · La obra de Miki Leal, Matías Sánchez y Curro González se puede ver en varias galerías

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La edición 2010 se abre con parecidas alternancias a las del pasado año. Arco despierta expectativas y la crisis, desconfianza. La primera impresión, a juzgar por lo que se comenta aquí y allá, no es precisamente negativa. Deseemos que se confirmen estos síntomas y que la feria cumpla un buen año. Buen año es ciertamente para los aficionados a los valores consagrados: podrán ver (entre otras cosas) brillantes piezas de Henri Michaux y Schwitters en la galería Leandro Navarro, dos importantes tàpies en la de Soledad Lorenzo y una obra de Gilbert and George (en solidaridad con el pueblo kurdo) en Thadaeus Ropac.

No creo que pase a la historia la presente edición por la contribución de la ciudad invitada, Los Ángeles. No es precisamente lucida. Un interesante pero no demasiado novedoso Raymond Pettibon (un paralelo entre el surf y la leyenda de Jonás), en la galería Regent Project, y tres Baldessari, en Margo Leavin Gallery, aunque tienen más interés las fotos conceptuales de W. Leavitt que la misma galería exhibe.

Quizá la presencia de Andalucía en esta edición de Arco vaya a descansar en los artistas más jóvenes. Alguno se mide de manera sugerente con valores ya consolidados, como ocurre en el stand de Rafael Ortiz: una obra de Manolo Bautista, complicada forma geométrica algo irónica –un gran diamante tallado– aparece frente a otra geometría, escueta y dinámica, la del Equipo 57. En la galería Benveniste, los monotipos de Miki Leal (fragmentos de Rolls-Royce llenan por completo el papel) contrastan con los elaborados colores de las litografías de Abraham Lacalle. También se oponen obras de autores prácticamente coetáneos: en la galería Fúcares, otra pieza de Miki Leal, que evoca las carátulas de antiguos discos de vinilo cuelga junto a un trabajo de Jacobo Castellano que resume arcaísmos de la España de la dictadura: el mandil de un artesano que se convierte en bota de vino de descarada embocadura, todo ello tras dos rombos, recuerdo de la omnipresente censura. Todo esto es síntoma de buena salud, como también lo es el interés que despiertan los dibujos de José Miguel Pereñíguez: las 14 piezas que componen un casi retablo (en la galería de Rafael Ortiz) han sido adquiridas por el Museo Patio Herreriano.

Hay autores que participan en diversas galerías. Al caso de Miki Leal, ya señalado, hay que añadir el nombre de Matías Sánchez, que además mañana inaugura una muestra individual en la galería Begoña Malone. Un gran cuadro de Curro González que reflexiona con rigor y humor sobre El Taller de Courbet llena casi todo el exterior del stand de Tomás March, pero la película de animación que hizo González sobre este mismo cuadro lo exhibe la galería gallega Ad Hoc, junto con otras dos obras del mismo autor. Destaca especialmente No vayas confundiendo el paraíso, una imágenes aisladas, audazmente colocadas en el lienzo, que advierten con humor sobre los entusiasmos de nuestro tiempo, tan faltos con frecuencia de fundamento.

El humor ayuda a superar muchas cosas y eso parece decir Guillermo Pérez Villalta con la divertida sensualidad de Una malagueña y Una gaditana. Más amargo es el humor de Cristina Lucas en su puesta al día, digámoslo así, de la Libertad guiando al pueblo, un vídeo sobre el lienzo de Delacroix que muestra Juana de Aizpuru (y también se exhibe estos días en la sede sevillana de Iniciarte).

Arco 40 es un espacio más reducido que ofrece la feria a galerías que, excluidas del programa general, presentan sin embargo propuestas de interés. Este año intervienen en este nivel tres galerías andaluzas de las que dos, Alfredo Viñas y Sandunga, estuvieron hasta hace poco en el programa general de la feria. Podían seguirlo estando porque logran un resultado más que aceptable, aunque las normas de Arco sólo les permiten llevar tres artistas. Alfredo Viña ha enfrentado el brillante colorido de Javier Martín y las fotografías de Juan del Junco a unas estudiadas abstracciones de Rafael Agredano. Sandunga relaciona tres autores, Carlos Aires (esculturas a partir de discos de vinilo), Jesús Zurita y Chico López, que ya tuvieron notable aceptación hace un par de años, cuando Sandunga accedía al programa general. En la galería malagueña JM, además de las obras de Matías Sánchez, sorprenden las del asturiano Iván Pérez y la finlandesa Tea Mäkipää: si la segunda realiza audiovisuales de cuidadísima factura, el asturiano establece valientes paralelos entre la infancia y la muerte dibujando sobre bancas y sillas escolares. Las tres galerías cumplen pues más que satisfactoriamente y ponen una vez más en cuestión los criterios de selección de la feria.

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