Atrapados... en una sala de cine

Acción, EEUU, 2011, 105 min. Dirección: Alister Grierson. Guión: John Garvin y Andrew Wight. Fotografía: Jules O'Loughlin. Música: David Hirschfelder. Intérpretes: Richard Roxburgh, Rhys Wakefield, Alice Parkinson, Dan Wyllie, Ioan Gruffudd, John Garvin. Cines: Vialia, Málaga Nostrum, Plaza Mayor, Rincón de la Victoria, Miramar, El Ingenio y La Verónica.

James Cameron ha confundido la velocidad con el tocino, o lo que es lo mismo, la tecnología (los instrumentos) con la técnica (su uso) y ambas con el arte, que es el talento o las cualidades necesarias para hacer algo destacable. Lo viene haciendo a lo largo de toda su carrera, creando algunas de las montañas huecas de mayor éxito -Titanic, Avatar- de la historia del cine.

Películas tecnológicamente innovadoras, técnicamente irreprochables, valiosas desde el punto de vista espectacular, hasta emocionantes cuando los personajes desaparecen para que reinen las masas y los efectos (el hundimiento del Titanic), pero desoladoramente huérfanas de argumento y personajes. En Cameron la tecnología y la técnica son fines, en vez de medios para expresar o hacer sentir algo.

En la primera etapa de su carrera logró equilibrar tecnología, técnica y buen entretenimiento en Terminator, Aliens, The Abyss, Terminator 2 y Mentiras arriesgadas. Pero el éxito inmenso de Titanic debió convencerle de que podía construir un gigante técnico a partir de un guión enano. Después, la obsesión por el 3D le acabó de convencer de que el futuro del cine estaba en los efectos. Y nació la cursi y sectaria (de secta) Avatar, que multiplicó el éxito de Titanic. Convertido en apóstol de la tridimensionalidad, Cameron dedica ahora su carrera a producir y dirigir películas en 3D.

El santuario es una producción suya dirigida por el australiano Alister Grierson, cuya visión gore de la guerra en Kokoda: batallón 39 le valió el pasaporte a Hollywood. En este caso lo que se persigue es un ejercicio de minimalismo argumental para que los efectos reinen durante todo el metraje sin que el director tenga que preocuparse de esas cosas tan molestas que son los actores, los diálogos, los personajes, los sentimientos... Un grupo de espeleólogos queda atrapado en una cueva gigantesca inundada tras una tormenta tropical y ha de buscar la salida. Al espectador que no comparta la pasión tridimensional de Cameron (que cubre con el regio manto de su nombre esta película de segunda fila) le urgirá tanto encontrar la salida de la sala como a los personajes -más bien muñecos- atrapados.

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