Crítica de Teatro

Uno de cada siete

Una escena de 'Gente estúpida', de Daniela Fejerman. Una escena de 'Gente estúpida', de Daniela Fejerman.

Una escena de 'Gente estúpida', de Daniela Fejerman. / m. h.

Carlo María Cipolla enunció en 1988 su Teoría de la estupidez, un ensayo breve que exponía con humor la existencia de cuatro tipos de persona: inteligentes, incautos, malvados y estúpidos. En este cuadrante determinista, los estúpidos se caracterizan por acciones que hacen perder a los demás a la vez que a ellos mismos. Un punto de partida que Daniela Frejerman utiliza para hilvanar una serie de situaciones sobre la estulticia humana.

La estupidez como pretexto para la comedia parece una apuesta segura, los observadores siempre nos sentimos menos estúpidos que aquello que se nos presenta. La fórmula dramática no es especialmente original: una serie de sketches con un personaje didáctico que los contextualiza. Una arquitectura previsible con situaciones algo manidas que sostienen una función que se alarga durante más de hora y media.

Una arquitectura previsible y unas situaciones algo manidas sostienen la función

Ángel Sansano y Silvia Nieto son los versátiles responsables de dar vida a la gente estúpida. La ruptura de la cuarta pared es decidida, ya en la primera escena interactúan directamente con el patio de butacas, lo que hace las delicias del público que no duda en entrar al juego y aplaudir tras cada escena. Sin embargo, hay algo que chirría en el planteamiento de los conflictos, cierto naturalismo instalado en las interpretaciones que desencaja con lo extremo de sus reacciones. Es por ello que los momentos que más funcionan son los que llevan los personajes al límite de la caricatura (como el padre inglés o la concejala).

Pero el que se mete al público en el bolsillo es el profesor Ángel Díaz de Rada, más sabiendo que es un auténtico catedrático y no un actor. Su actitud distendida nos acerca al tema en cuestión, arrancando las sonrisas en su afán pedagógico. Él nos recuerda que el 14% de la población son estúpidos de libro. Eso es uno de cada siete, por si quieren constatarlo en su día a día.

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