Bailando en los ojos de Dora Maar

  • Fernando Hurtado y el elenco de '37 Guernica 17' continúan con los ensayos de la nueva producción de Factoría Echegaray, que se estrena el 3 de octubre

Fernando Hurtado (de espaldas) dirige a sus bailarines, ayer, en el Teatro Echegaray. Fernando Hurtado (de espaldas) dirige a sus bailarines, ayer, en el Teatro Echegaray.

Fernando Hurtado (de espaldas) dirige a sus bailarines, ayer, en el Teatro Echegaray. / javier albiñana

Los cinco bailarines ocupan el centro de la escena y comienza una suerte de ritual frenético, de encuentros cuerpo a cuerpo en un delicado equilibro y, sin embargo, de una intensidad aplastante sostenida en un grave crujido de contrabajos. Tras un comienzo de significativa desnudez escénica, los intérpretes se arman con largas varas de madera y la escena se recrudece aún más, a través de un combate encarnizado en el que la danza parece emular el Duelo a garrotazos de Goya. Pero aquí el quid se encierra en otro cuadro. La coreografía se resuelve a gran velocidad, sin respiro. "No todas las escenas son tan frenéticas, otras transcurren de manera más sosegada, más honda. Queremos generar la emoción propia de una montaña rusa", explica Fernando Hurtado. El bailarín y coreógrafo, referente de la danza en Málaga después de diecisiete años al frente de su propia compañía, asentada en Nerja y con proyección en numerosos escenarios de España y Latinoamérica, afronta la cuarta semana de ensayos de 37 Guernica 17, su nuevo espectáculo, que se estrenará el próximo 3 de octubre en el Teatro Echegaray como la nueva producción de la incubadora municipal de proyectos escénicos Factoría Echegaray. Los bailarines Marina Miguélez, Teresa Santos, Inma Montalvo y Arturo Vargas, que se incorporaron al proyecto vía casting, secundan a Hurtado en escena con vistas a las doce funciones que se sucederán hasta el 14 de octubre. Sobre una mesa descansan las máscaras y elementos que los intérpretes emplearán para sacar del lienzo a los personajes que componen el cuadro definitivo del siglo XX, la obra en la que Picasso consolidó su posición de genio. Pero ahora, en los ensayos, los bailarines trabajan sin elementos añadidos, a plena desnudez para el cuerpo a cuerpo.

Fernando Hurtado tuvo el año pasado la idea de trasladar a la escena el Guernica a modo de homenaje para su 80 aniversario, y la concreción de su empeño ha tenido, justo, el mismo marco del lienzo: "Cuando trabajas con un material como el Guernica comprendes que puedes hacer muchas cosas, y lo primero es elegir. En torno al cuadro hay abundantes cuestiones políticas, previas y posteriores. Incluso la misma realización de la pintura, con la que Picasso resolvió una grave crisis personal, tiene su particular historia. Después de darle muchas vueltas, consideré que lo oportuno era centrarnos en el cuadro, en sus figuras, sus personajes, en qué nos dicen, por qué están ahí. Así que empezamos a bucear en el mismo proceso de su creación, preguntándonos por las decisiones que tomó Picasso a la hora de pintar lo que pintó", explicó ayer en el Teatro Echegaray Fernando Hurtado durante un descanso de los ensayos. En esta búsqueda, eso sí, la intención del público será determinante: "Queremos que el público se sienta como Dora Maar, la única persona que tuvo acceso al estudio de Picasso durante los treinta y tres días en los que pintó el Guernica y fotografió paso a paso su evolución. Queremos que cada espectador entre con su llave y mire".

Sobre la escena, por tanto, los bailarines interpretan y recrean los diversos personajes que Picasso incluyó en su obra magna. La inspiración no es poca, pero Hurtado advierte: "La inspiración es importante, el trabajo también, pero a veces no bastan para crear un espectáculo que llegue a conmover al público. Y lo que perseguimos con 37 Guernica 17 es precisamente la conmoción, más que la técnica. Que el público se sienta tocado". Al calor de las bombas.

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