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Berrocal pasea su metamorfósis

  • La principal arteria de la ciudad exhibe parte del legado del escultor malagueño.

La escultura como proceso constructivo y el arte como pretexto para la investigación. Miguel Berrocal (Villanueva de Algaidas 1933-2006) llevó este binomio hasta sus últimas consecuencias durante 65 años de trayectoria. Ahora, bajo el lema Guerreros y toreros la ciudad de Málaga da forma a la primera exposición en España del artista tras su fallecimiento.

"La plaza de la Constitución es un salón extraordinario", expresó ayer su viuda, Cristina de Braganza para referirse al escenario principal que cobijará hasta el 27 de julio once piezas de gran formato que, sumadas a la que preside la entrada a calle Larios conforman un monumental conjunto escultórico, representativo del proceso de metamorfosis y descomposición al que Berrocal sometía sus obras.

Con esta particular galería a la intemperie echa a andar la Fundación Escultor Berrocal para las Artes, fruto de un convenio suscrito en noviembre de 2007 con la Obra Social de Unicaja.

Cualquier cosa puede ser pretexto determinante para la construcción de una escultura. Es de la forma de donde vendrá la solución y no del contenido literario. En boca de Miguel Berrocal la sentencia resumió en vida parte del ideario que movía su manos. Dos años después, la frase ilustra uno de los paneles fotográficos que completan la exposición. El malagueño (Medalla de Oro de Andalucía en 1993) se servía de la realidad externa para llenar de materias primas su voluntad escultórica. De hecho, diez de las piezas que ahora se exhiben al aire libre proceden de la serie Almogávares (tropa de guerreros de la Corte de Aragón) realizada a partir de un núcleo común, 20 antiguos yunques de hierro macizo (de entre 300 y 400 kilos) descubiertos en un viaje a Bélgica, y que sirvieron de base para la primera exposición antológica del artista en el Palacio de Velázquez de Madrid formada por 240 esculturas.

Cada pieza se descompone a su vez de una decena de elementos que la mirada del visitante puede apreciar gracias al montaje fotográfico. Como recordó su viuda, el "efecto sorpresa" inherente en la actitud creativa del artista se traduce en la forma de estructurar la muestra, que ha contado con la colaboración activa de su hijo, Beltrán Berrocal.

Alrededor de claves recurrentes en la producción del malagueño, como son el torso y el fragmento se erigen estas doce piezas de entre 1,5 y 4,5 metros de altura que emulan efigies de toreros y guerreros. "No le interesaban como conceptos literarios, eliminaba todo lo que no fuese volumen escultórico", recordó De Braganza. Realizados entre 1981 y 1983, Berrocal bautizó a estos bloques de guerreros con los nombres de Roger de Flor, Ramón Muntaner, Bernardo de Rocafort, Sancho de Oros, Roger de Lauria, Berenguer de Entenza, Corbaran de Alet, Ximenes de Arenos, Berenguer de Rondor y Guillén de Tous.

El recorrido en hilera por estos monumentales bustos tiene su puente de enlace en el Torso de Luces y El diestro, otras dos piezas realizadas en kevlar y fibra de carbono. Una de ellas es un estudio sobre el fragmento y la otra (en calle Larios) rinde tributo a la tauromaquia.

Cuando apenas contaba con 16 años, el artista se traslada a Madrid donde cursa un año en la Facultad de Ciencias Exactas, necesario para su posterior ingreso en la Escuela de Arquitectura. Este bagaje cognitivo le permite adentrarse en las diferentes técnicas de fundición de alta precisión, hasta entonces reservadas a la producción industrial.

Becado por el Gobierno francés, Berrocal reside en París, donde traba amistad con Giacometti y Cárdenas, y con Picasso en Cannes. En una primera etapa, influido por la obra de Eduardo Chillida y Jorge Oteiza, realiza piezas en hierro forjado hasta que, a principios de los años sesenta comienza a experimentar con sus conocidas esculturas desmontables. Los 40 años que estuvo residiendo en Verona (núcleo italiano de la industria metalúrgica) le permitieron

conocer de primera mano estos procesos de trabajo que luego aplicaría a la escultura.

El espacio vacío vive como el lleno, ¡prestadle atención!. Con esta proclama, el propio Berrocal ofrecía indicios de la esencia de su labor artesanal, donde forma y contenido se dan la mano en un intento por reducir la obra a su estructura original. Como si de un puzzle argumental se tratara, cada pieza esamblada tiene identidad por sí misma y da lugar a una nueva interpretación. Una escultura dentro de la escultura.

Desde que en 1952, celebrara en la galería Xagra de Madrid su primera exposición individual, Miguel Berrocal ha realizado numerosas muestras por todo el mundo y su vasta obra (515 esculturas) se ha paseado por importantes museos e instituciones tanto europeas como americanas. Su periplo por Europa finaliza en 2005 cuando decide volver a Andalucía para abrir un nuevo taller en su pueblo natal de Villanueva de Algaidas.

El homenaje que la provincia le dedica con Guerreros y toreros es sólo el primer paso de una serie de iniciativas de la fundación que lleva su nombre. En consonancia con el imaginario de Berrocal, "habrá mucho más y más complicado", adelantó su viuda.

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