Brett Anderson, un animal tranquilo

  • El que fuera vocalista y líder de la banda británica Suede, maestros en los 90 del glam y el pop, lleva esta tarde al Cervantes su debut en solitario en formato acústico, en su único concierto en España

Ni de bajón, ni tan siquiera de resaca, sino simplemente cansado parece estar el inglés Brett Anderson (1967), el que fuera vocalista y líder de Suede. Esta tarde, a las 20.30 en el Teatro Cervantes, el cantante mostrará en desnudez acústica, acompañado sólo por Amy Langley, las canciones que formaron su debut en solitario el pasado año. Brett Anderson (2007), su disco homónimo, pasó sin pena ni gloria por las listas inglesas, donde no superó el puesto 54. El cansancio, que le ha llevado de los maratonianos y eléctricos conciertos de su antigua banda a encuentros íntimos como el de hoy, parece que lo comparte el público británico.

Tras el estrepitoso final de Suede -A new morning (2002) fracasó comercialmente y es considerado de modo unánime como el peor de los cinco discos de la banda-, Brett Anderson buscó en la compañía del guitarrista Bernard Butler, fundador huido de Suede tras los dos primeros álbumes, la manera de recuperar la ilusión y el aplauso perdidos.

De la unión con Butler surgió en 2004 The Tears, grupo efímero que apenas ha publicado un álbum, Here come the Tears (2005). Al menos, el disco logró entrar en el top 20 británico y consiguió críticas muy favorables. Ya en abril de 2006, Anderson anunció que el "grupo se toma un descanso". En realidad, las expectativas creadas se diluyeron rápido y fueron despedidos de su sello discográfico, lo que les llevó a anular la gira europea que tenían prevista, así como la grabación de un segundo trabajo.

Lo que le está pasando a Brett Anderson no es desconocido para sus compañeros de generación, las otrora estrellas del brit-pop. Bandas como The Boo Radleys, Elastica, Supergrass, The Verve o Pulp han sufrido también un importante descalabro comercial en los últimos años, ya sea en proyectos personales de sus miembros o con sus erráticos últimos trabajos. Los dos grandes gigantes comerciales del género, Blur y Oasis, son los únicos que han sobrevivido al hundimiento, pero con fuertes descensos en sus ventas y presencia mediática -Damon Albarn, de Blur, sí saborea el éxito pero con sus proyectos paralelos-.

Por muchos millones de discos vendidos o números uno en las listas, que Suede los tiene, el presente de Brett Anderson es mucho más tranquilo y muy alejado de aquella imagen andrógina y poderosamente sexual que copaba las portadas de las revistas musicales en los 90. Ya no es el momento de lucir camisetas sudadas en directo ni de exhibir miserias glamourosas en las letras de las canciones. Pero en su visita a Málaga, no parece que la nueva etapa de Anderson, casi bucólica, haya sido impedimento para que el inglés que quería ser Bowie y Morrissey haya vendido casi 700 entradas de un miércoles invernal en Málaga. Algo queda.

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