Brujería progresiva

  • Su primer álbum llamó la atención del circuito habitual. Pero 'II' desborda previsiones: estamos ante uno de los grandes discos de 2013

Vaya usted a saber cómo resultará en persona, pero despojando al asunto de otras posibles consecuencias, en la distancia Janet Farrar se asemeja a una lunática entrañable. Según la socorrida Wikipedia, hablamos de una ilustre wiccana, esto es, devota practicante de la religión Wicca, un culto neopagano de "brujas y brujerías" originado en la Inglaterra de mediados del pasado siglo. Prolífica autora a seis manos -las dos suyas y las cuatro de sus dos maridos, uno ya fallecido, con quienes mantenía una relación polifidélica-, sus enseñanzas se esparcen por una decena de libros de iniciación al tema, el último de ellos titulado Progressive Witchcraft.

Janet Farrar, además, es la estupenda señora que, en una instantánea de hace décadas, entre tules y transparencias, figura en la portada del II de Unknown Mortal Orchestra, un disco que parece no sólo apropiarse de la icónica imagen de la bruja británica, sino también, al menos desde una perspectiva bienhumorada, de esa brujería progresiva dispuesta a revivir con pátina lo-fi y ensueño hipnagógico un impulso psicodélico nunca definitivamente enterrado.

Con diferentes matices, abundan los ejemplos, a menudo citados en el intento de acotar el territorio por el que deambula el trío: Tame Impala, Foxygen, Ariel Pink's Haunted Graffiti… El empeño, no obstante, fracasa. UMO comparte, en efecto, señas de identidad con los mencionados. Está esa disciplina lo-fi, ese Dogma 95 no escrito de cierto indie contemporáneo que se contradice en origen -el característico sonido añejo no es fruto de la limitación autoimpuesta, sino un efecto técnico buscado a conciencia y aireado como credenciales estéticas-; está la inclinación al devaneo lisérgico y hasta la, a estas alturas, lógica y pertinente apropiación de consecutivos estilos de la historia de la música pop, del soul de los 60 al soft-pop de los 70. Pero hay algo que distancia a UMO del resto: II es un disco pleno de enormes… ¡canciones!

O sea, donde Tame Impala especula, UMO concreta; allá donde Foxygen se queda en agradable broma kitsch, UMO sortea el riesgo cierto de revival; donde el último Ariel Pink se pierde -la ausencia de estribillos que amarren esas melodías a la memoria-, UMO se encuentra.

En ese sentido, y superada la prevención inicial, la sorpresa resulta tanto más inesperada cuanto más se atiende a los movimientos previos, esos que Ruban Nielson inició al abandonar su Nueva Zelanda natal para instalarse en Portland. Disuelta su anterior formación, The Mint Chicks -con varios títulos para el sello neozelandés de referencia The Flying Nun-, Nielson soltó nuevo material en su bandcamp, llamó la atención de Fat Possum Records y a partir de ahí articuló en 2011 un primer álbum homónimo recibido con entusiastas parabienes en el circuito habitual. Pero aunque ya había comedidas razones para ese repentino fervor -las canciones, siempre las canciones-, lo mejor ha llegado ahora, en este II editado por otro sello emblemático, Jagjaguwar.

Pergeñado en la estela de los directos propiciados por la buena acogida al primer álbum, y con Nielson flanqueado por el bajista Jacob Portrait y el baterista Greg Rogave, II crece muy por encima de su antecesor desde el mismo comienzo, con un From The Sun que desvela similares coordenadas estéticas pero también la voluntad de llevar un poco más allá los desarrollos armónicos, de trabajar con mayor calma y mimo la composición. Para situar las cosas en su justo término, acto seguido Swim And Sleep (Like a Shark) se erige en algo muy parecido a la canción pop perfecta, hermosa y con el punto de tristeza adecuado para convertirse en una bomba emotiva. Y aún no se ha recuperado uno de la impresión cuando So Good At Being In Trouble, con su marchamo soul, le desbarata cualquier reticencia.

Con semejante arranque otros correrían el riesgo de quemar toda la pólvora a la primera embestida. No es así en el caso de UMO y su II, que sigue deparando sacudidas con guiños al hard-rock -One At A Time-, el folk-rock norteamericano de los 60 -The Opposite of Afternoon- o la psicodelia teñida de negro -Monki-. Para cuando llega la terna final, uno ha caído ya irremediablemente en el encantamiento. Quizás sea cosa de Janet Farrar. Quién sabe.

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