Arte

Buen ARCO 'ma non troppo'

  • La Feria de Arte Contemporáneo de Madrid cierra hoy una edición correcta aunque no tan brillante como otras, con una participación de la India demasiado desigual

No cabe duda que esta 28 edición de ARCO ha sido, en líneas generales, buena, aunque no demasiado, es decir, no tan brillante como otras. Tal vez por la crisis o a pesar de la crisis, según se mire -lo siento, no por no mentarla deja de existir-. Igualmente se antoja complejo conformar grosso modo un panorama aproximado del conjunto de la feria, de las galerías más destacadas, de los artistas más ofertados, de los autores a reseñar, de las que pudieran ser algunas de las piezas más interesantes, así como de las reflexiones que pueden suscitarse de las anteriores y del contexto general. Misión ésta que, lógicamente, se ve dificultada por la premura y por la propia experiencia de visitar la feria, habida cuenta la saturación que provocan tantos estímulos y las particulares condiciones de recepción de las obras, las propias, por otra parte, de una feria comercial o de muestras (en alguna ocasión me he referido a ello metaforizándola como mercado de abastos y señalando la concepción que Baudelaire ya poseía de las obras como mercancías), una miscelánea que, a excepción de alguna galería, obvia hilos argumentales y contextos -no es tanto una crítica negativa como una certeza de su naturaleza-.

En primer lugar debemos reseñar que ha existido un nivel elevado tanto en el Programa general como en ARCO 40 -ámbitos medulares de la feria-, no así en la participación de India como país invitado, demasiado desigual y ecléctica. No sólo elevado, también equilibrado: los hallazgos no aparecían por doquier como en otras ocasiones y rara vez ha aflorado la sensación de encontrarnos ante propuestas extraordinarias o desequilibrantes, (que no magníficas que sí las ha habido); esa sensación, en cambio, podría ser análoga a la de una cierta planitud susceptible de entenderse como monotonía en el sentido de que, para el ojo cultivado, tanta feria y bienal nacional e internacional acarrea una mayor exposición a piezas ya conocidas. Este equilibrio mencionado se fundamenta también en el alto nivel experimentado por las galerías de ARCO 40 -mayor que el año pasado-, rayando alguna a muy buena altura, como pudiera ser, entre otras, Prometeo Gallery (Milán) con Regina José Galindo y Santiago Sierra. En el programa general muchas han tenido una presencia muy sólida, pero reseño, entre otras, Espacio Mínimo, La Fábrica o Haunch of Venison, a pesar de no contar con tantos nombres célebres como otras.

Se ha observado una presencia en aumento del dibujo que no creo que se deba exclusivamente a la coyuntura económica, sino que parece prefigurar las posibilidades de este medio para con una imagen crítica, desprejuiciada y con un sentido de la narración/fabulación muy acusado y en correspondencia con buena parte de la fotografía actual, que vacila entre la presentación y la representación, así como se vuelca al crescendo del flujo narrativo. Igualmente, el dibujo como espacio de reflexión ha tenido una presencia muy destacada. Por citar sólo a algunos, reseñaría las obras de Miguel Aguirre, Sandra Gamarra, Jorge Satorre, Jean Fabre, Bayrol Jiménez, Fernando Bryce, David Maljkovic, Vedovamazzei, o Van de Velde (echo en falta a Dan Perjovski). No obstante, fotografía y pintura comparten protagonismo sin obviar una considerable presencia de manifestaciones de índole conceptual. En lo pictórico se encuentran representadas proporcionalmente las abstracción no-objetiva, la figuración y las derivas de la abstracción geométrica, en continua renovación.

En lo relativo a la fotografía, va descendiendo la presencia de imágenes acerca de las grandes y modernas construcciones, las obras públicas y el desarrollismo de los gigantes asiáticos, subgénero paisajístico tendente a lo inhóspito y metafísico que, en cambio, sí persiste en imágenes y series con mayor peso de lo vivencial, la memoria y la ruina que se conjugan con cierta conceptualización que remite a los Becher -aún-. A pesar de lo señalado, José Manuel Ballester, el máximo exponente de esa fotografía monumental del monumento sigue presente, si bien ofrece nuevas posibilidades como un vídeo en la Galería Estiarte (Madrid). En lo fotográfico, el predominio del medio y gran formato es apabullante, habiendo poco espacio para el tamaño pequeño, aunque hemos visto verdaderas piezas excelentes de grandes de la historia de la fotografía.

La incompleta nómina de artistas a destacar según lo presenciado, tanto consagrados, emergentes o con proyección, sería la que sigue: Miguel Aguirre con sus dibujos; el omnipresente conceptual Ignasi Aballí; el multidisciplinar José Ramón Amondarain; Vanessa Beecroft con una espectacular serie acerca de la indistinción femenina y la pulsión de muerte que nos recuerda a Begoña Montalbán; la fotografía granulada y poética de Joäo Penalva (sola, acompañada de textos o montada en aluminio); la fotografía textural de Katherine Sieverding; Eva Lootz y sus cajas de luz; Marina Abramovic -por siempre- con su serie de la infancia, la guerra y la muerte; el cambio de registro de Erwin Olaf que pasa de los ambientes gélidos y la dramatización a un pictorialismo plano y renovado; y José Pedro Croft con sus esculturas metafísicas de pared.

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