Buena conjunción con matices

La segunda jornada de este más que consolidado ciclo se presentó con la particularidad de una novedosa propuesta basada en voz y órgano. Históricamente, ambos instrumentos musicales han tenido el beneplácito de poder desarrollar toda su sonoridad dentro de los ámbitos religiosos cristianos. Prueba de ello es el repertorio que existe y sigue apareciendo en torno a éstos, y del cual tuvimos una muestra en la selección mostrada de los autores españoles y varias de las piezas más conocidas de los compositores más relevantes del Barroco.

La ejecución de O, quien pudiera alcanzar. Cantada al Smo. de Joseph de Torres, dejó translucir varias de los planteamientos que en el mundo de la interpretación de la música antigua siguen saltando a la palestra: interpretación historicista o interpretación según los cánones románticos. Por ello, cualquiera que escuchó a la solista cantar pudo pensar que una voz de corte operístico no siempre casa bien con la propia estancia y las condiciones acústicas que nos ofrece la catedral malacitana. Pero sin acercarnos a disquisiciones entre uno u otro bando, y conociendo interpretaciones destacadas como Berganza o Bartoli, lo cierto fue que la utilización de un vibrato amplio por parte de la soprano produjo que en nuestros oídos perdiese claridad en la dicción y audición general de la pieza. Además, el tempo en las obras de Vivaldi y Bach fue algo más lento de lo habitual y no pensemos en la destreza técnica del organista.

Lo cierto fue que la combinación de ambos fue muy buena pero destacó principalmente la ejecución de Bernall en su amplio dominio del órgano. No sólo ofreció una de las obras que desarrolló en su día en la Colegiata de San Sebastián de Antequera dentro del programa Andalucía Barroca, véase Cinco versos sobre el Pange Lingua de Vicente Rodríguez, sino que además nos hizo disfrutar en la magia del descubrimiento de la versatilidad registral del propio instrumento. Me refiero, en este último caso, a la notable ejecución de la Batalla de Narro en donde puso de manifiesto el registro de timbal y otros recursos que le dan ese aire militar tan requerido por la partitura. Mis agradecimientos al profesor Martínez Solaesa por las pinceladas didácticas al respecto.

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