Buenas intenciones, regulares resultados

Drama, Francia-Italia, 88 min. Dirección: Emanuele Crialese. Guión: E. Crialese, Vittorio Moroni. Intérpretes: Filippo Pucillo, Donatella Finocchiaro, Mimmo Cuticchio, Giuseppe Fiorello, Kynzya Nadira. Fotografía: Fabio Cianchetti. Música: Franco Piersanti.

Es inevitable acordarse del Visconti de La terra trema (1948) y del Rossellini de Stromboli terra di Dio (1949) al ver Terraferma. Porque es una película italiana de pretensión realista que trata de pescadores sicilianos. En otra Italia, para bien o para mal (socialmente para bien, pese a la crisis, pero cinematográficamente para mal), y en otro mundo. Siguen las penalidades de los pescadores, obligados ahora a alquilar sus casas a los turistas y vender sus barcas porque la pesca ya no puede mantener a sus familias como lo había hecho durante siglos. Aparece el nuevo y dramático fenómeno de las pateras. La primera parte de Terraferma, la más convincente, trata de los apuros de los pescadores. La segunda, que peca de excesos melodramáticos en su afán por extremar la denuncia, del choque entre los pescadores y los desesperados inmigrantes.

El vigor dramático, el realismo fotográfico, la sobriedad narrativa y la verdad de los tipos hacen de la primera parte un buen trozo de cine realista. La historia de la familia -el abuelo, su nuera viuda y el nieto- herida por la muerte en el mar de quien la sustentaba, incapaz de ganarse la vida con su vieja barca familiar ahora gobernada por el abuelo y el nieto, obligada a alquilar la modesta casa en la que vivieron tiempos mejores, está muy bien dirigida y espléndidamente interpretada. La invasión turística, bien presentada como si se tratara de un ejército desembarcando tras la bajada de un puente levadizo, y la humillación de los pescadores disputándose a los turistas para ofrecerles sus casas y barcos está contada con fuerza crítica.

El primer encuentro con los inmigrantes náufragos está bien planteado. Desgraciadamente antes de que termine entra la música. Este valioso aliado emocional, significativo o espectacular del cine está de más cuando se trata de determinadas emociones. Aquí anuncia la deriva de la segunda parte. Es un hallazgo la idea pesimista de que la acción personal y la generosidad individual poco pueden hacer para frenar la avalancha de desesperación que supone la inmigración ilegal. Pero está mal desarrollado, con un excesivo esquematismo bienintencionado y una clara tendencia al esteticismo melodramático. El uso de la cámara lenta y la música en el momento más dramático -el rescate de los cadáveres de los inmigrantes ahogados- es la marca de los errores, probablemente bienintencionados, que lastran esta interesante película.

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