Calentando motores

Ha llovido mucho desde que irrumpieran en el mercado los primeros simuladores de conducción para PC. Tanto, que ya quedan muy lejanos los años en que este género y el shooter fueron considerados los más sencillos de programar, debido a su estructura visual más o menos inmutable: una primera o tercera persona y un avance hacia el destino impuesto por el título. El tiempo, sin embargo, todo lo complica, y la lucha por conquistar los dominios visuales y jugables de la cada vez más próxima octava generación, toma el cariz, si no de un shooter (no vamos a ser sangrantes), sí de una competición automovilística.

El paralelismo es apropiado, teniendo en cuenta el nivel de motores (gráficos) que se va imponiendo desde las plataformas Xbox360 y PS3. La primera lanzó hace algo más de un año su Forza Motorsport 3, cuyas opciones de juego y gestión lo convertían sin duda era el mejor título del género hasta la fecha. Pero la segunda acaba de contraatacar con su propia bestia negra: Gran Turismo 5. O en palabras más inteligibles, lo que viene a ser la culminación de un género y de una era.

La intro del juego ya nos pone sobre aviso en lo referente a las revolucionarias intenciones de Polyphony, al mostrarnos en una impresionante secuencia (junto con la del nuevo Fable III, de las mejores de los últimos años) el proceso de fabricación de un automóvil, desde las aleaciones que hacen posible sus metales hasta las complejas ensambladuras de cada pieza para dar lugar a un significante extremadamente sencillo, expresión evolucionada de una masculinidad atávica, cifrada en el apego al predominio sobre otros y sobre la propia naturaleza.

Desde este momento, una verdadera toma de conciencia desde la base, un retorno al origen "para ser original", como promovía Gaudí, el juego despliega unas cualidades prácticamente inabarcables en cada faceta del proceso de la competición automovilística. Tanto por su jugabilidad sobre el asfalto, como por sus gráficos de un realismo insólito (el 3D llevado al extremo de la concepción volumétrica de partículas y la iluminación dinámica), como por sus valores como enciclopedia del automóvil, como por la cantidad de vehículos a elegir (más de 1000, todos detallados hasta el extremo), como por la diversidad prácticamente inabarcable en su gestión de elementos, como por las opciones para el juego on line… nos encontramos ante un juego definitivo, un arma del fin del mundo capaz de congelar el género durante años, o como poco de consolidar un punto de inflexión cardinal en la evolución de los simuladores.

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