Carla Montero indaga en el expolio nazi a través de 'La tabla esmeralda'

  • La escritora madrileña presentó ayer en Málaga su segunda novela, que publica Plaza y Janés

Una carta escrita durante la Segunda Guerra Mundial pone a una historiadora del arte que trabaja en el Museo del Prado en la pista de El astrólogo, un cuadro atribuido al misterioso pintor del Renacimiento Giorgione del que no se tenía constancia. Así arranca La tabla esmeralda, la segunda novela de Carla Montero (Madrid, 1973), que tras ganar el Premio Círculo de Lectores con Una dama en juego (de la que vendió más de 400.000 ejemplares) se consolida como valor firme de la literatura española contemporánea con esta reválida, que publica Plaza y Janés y que va ya por su quinta edición. Una trama en clave de thriller que indaga en el episodio del expolio de obras de arte a cargo de los nazis y las esencias más reconocibles de la novela histórica constituyen la carta de presentación de La tabla esmeralda. Ayer, su autora recaló en Málaga, en plena gira de promoción, y compartió algunas claves fundamentales de su trabajo.

El astrólogo es en realidad el título de un cuadro ficticio que Montero, amante de la historia del arte, atribuye a Giorgione. "Podía haber empleado un cuadro real, pero entonces habrían pesado demasiado todas las interpretaciones que hubieran podido hacerse del mismo. Crear el cuadro desde la ficción me permitía dirigir el misterio a donde más conviniese, así que todo resultaba más sencillo narrativamente hablando". Pero lo que no es de ficción, sino muy real, es la amplia labor de investigación que la escritora desarrolló antes de empezar a escribir la novela: "La investigación es en realidad el proceso que más me gusta, porque te permite descubrir que la realidad supera a la ficción. A menudo crees tener una determinada idea y cuando investigas la encuentras ya registrada en la Historia. En el caso de los expolios de arte que cometieron los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, lo cierto es que, por más que se hable del asunto, un 20% de las obras que sustrajeron siguen sin salir a la luz. Y hablamos de obras de los primeros genios de la Historia del arte, desde el Renacimiento hasta el siglo XX. Así que, en gran medida, este asunto representa un misterio. Aunque lo más apasionante es que sus consecuencias perduran hasta el presente".

De hecho, Montero recuerda la escasa bibliografía disponible sobre la materia (cita el libro El museo desaparecido del periodista puertorriqueño Héctor Feliciano como una de las fuentes más destacadas), si bien algunos avances recientes permiten albergar esperanzas sobre la posibilidad de que ese 20% de obras de arte expoliadas y aún en paradero desconocido terminen encontrándose: "En los últimos años, tanto las organizaciones de víctimas del nazismo como las instituciones públicas han trabajado de manera mucho más organizada, gracias en parte al uso de las redes sociales. Cuando se percibe cualquier pista, el dispositivo necesario para su seguimiento se pone en marcha enseguida, pero esto no era así hace unos años". Montero, sin embargo, afirma que son las relaciones personales que establecen sus personajes las que sostienen la novela: "En ese campo una puede crear verdaderamente. Respecto a lo otro, hay poco más que decir".

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