Carmen Yepes, encanto al piano

Carmen Yepes transpira seguridad por sus poros, y es que, a pesar de no haber llegado aún a la treintena, la pianista ovetense es casi una veterana. Comenzó el concierto con la Fantasía Onírica de Antonio Rozas, que no estuvo tal vez a la altura de lo que escucharíamos más tarde; contrastaba pasajes de clusters con otros más melódicos, si bien algo obvios para tratarse de una obra de 2008.

El mismo compositor la describe como una pieza "que pretende estar dentro de las características de la música contemporánea, como son la atonalidad, flexibilidad en el tempo, clusters...". Pero cabría preguntarse si lo que ennoblece a una obra de arte es estar "dentro" a estas alturas. Casi se intuye cierta animadversión del compositor por el estilo trabajado.

La segunda parte del concierto estuvo dedicada en su totalidad a autores catalanes. Las Scènes d'enfants de Mompou llevaban su lenguaje aforístico al límite en unas piezas con mucho encanto naïve a las que resultó difícil no relacionar con las homónimas compuestas por Schumann o incluso con la recreación en las sonoridades y acordes próximos al Ravelde Mi Madre la Oca.

A continuación, se interpretó la Sonatine pour Yvette de Montsalvatge, artista que fue amigo íntimo de Mompou y cuyos estilos comparten muchos puntos en común. La pieza es también hija de Ravel, y es que en aquellos años lo afrancesado era una salida coherente a los nacionalismos más manidos.

Los ágiles dedos de Carmen Yepes nos dejaron percibir la claridad diáfana de una obra que se mantiene en los límites de una tonalidad ampliada, de un postimpresionismo rico, pero sin llegar a romper barreras.

Para finalizar este recital casi redondo, y con mucho encanto, Carmen dedicó sentidamente como propina un movimiento de la Sonatina de Castillo a la memoria de su amigo musicólogo Luis Iberni, y nos dejó a todos con un dulce sabor de boca de los que no se olvidan.

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