Cine de tinieblas y luz

  • 'Mario Bava. El cine de las tinieblas' (Editorial T&B), de José Abad, ha sido la única monografía publicada en español en el centenario del nacimiento del cineasta italiano

Realmente todos pensamos que hay demasiados libros: miramos cuántos existen calificados ya de clásicos e imprescindibles por los entendidos en cada materia y nos sentimos abrumados. ¿A qué sumar nuevos libros a este mundo caótico y atiborrado de información inútil? Es acaso necesaria una urgente ecología práctica de la palabra, quiero decir del uso desproporcionado, ineficaz, abusivo de la palabra cuando nada tiene que decirse que no suene a repetido o sumarial.

La aparición de este libro, Mario Bava. El cine de las tinieblas, resulta necesaria en el panorama actual porque su autor se ha planteado su escritura y la indagación en la materia que precisa esta clase de libro apuntando a un terreno no tan conocido ni trillado, no tan estudiado ni bien observado: el del cine de clase B. Visto además sin condescendencia y sin un ánimo arrebatadamente loco de reivindicación y desafiante loa, defecto en el que incurren algunos que bajan su mirada a la tierra del arte y no la dejan clavada en el cielo de los grandes triunfadores con un propósito no siempre limpio ni creíble, que encierra en muchos casos una apuesta personal y subjetiva que solo se sustenta en el propio gusto.

Por el contrario, puedo afirmar que este libro está escrito desde un solo amor confesable -el que su autor e indagador tiene por el cine-y un deseo muy compartible: la revisión de unos títulos que no han muerto y que son parte también de los cimientos del séptimo arte. Porque no solo de grandes hallazgos vive el hombre, y no solo gracias a ellos siguen escribiéndose nuevos guiones e invirtiéndose grandes cantidades en forjar sueños luminosos.

Leyendo las vicisitudes que se nos narran de la vida y obra de Mario Bava, los aciertos fraguados a partir de las limitaciones de presupuesto, los entresijos de las producciones en unos tiempos en que Hollywood creaba y también copiaba, mandaba residualmente a sus actores a Italia y se enamoraba de pasajes ajenos con los que hacer páginas nuevas, uno llega a la conclusión de que el cine es para quienes lo trabajan una pasión destructiva y fortificadora y un mal que les cae encima, una manera de echar fuera a los demonios más íntimos y una caverna de sombras en las que se ven, casi milagrosamente, reflejados muchos que nunca han sabido ponerles imágenes a sus miedos, sus gozos y sus anhelos más perentorios. José Abad cuenta con un sanísimo humor y valiéndose de una ágil paleta de colores y de recuentos en forma de tramas muchas cosas que sacuden al cineasta conocido y no bien valorado que es Mario Bava, un creador pequeño que es muy grande en el recuerdo, cuando se disipan las imágenes en la memoria y van quedando intactas las emociones, eso que nunca desaparece y nos lleva a revisitar un lugar, a una persona, una película.

Bava ha dejado tras de sí algunos filmes que nunca estarán en las votaciones de los sesudos analistas y los descollantes críticos solicitados a elegir las obras inmarcesibles, pero sin embargo nadie podrá negar que cuando se ven sus películas se notan pinchazos, pellizcos emocionales que no son solo flor de un día, rosa negra de una noche, y que se clavan a fondo como los cuchillos de los asesinos de algunos de sus filmes y se quedan enterrados en la zona menos transitada y menos explicable de nuestro cerebro, esa que, al fin y al cabo, nos define como lo que somos: ruido, sangre y un largo silencio.

Los libros sobran, los libros empalagan, los libros abruman hasta no decir nada: son los más de hoy en día, los que te venden los editores con solapas hiperlaudatorias y mentirosas. Este libro, bien al contrario, no engaña ni vende lo que no es, y se centra en dar lo que pocos dan: un acercamiento muy bien ponderado a la obra de un autor inmortal, aunque se le mire desde arriba. Quien lo ha escrito sabe de cine como el que más, sabe contar como el que más -novelista, ensayista, crítico- y no se regodea nunca: deja el protagonismo a Bava, lección que otros acaso aún tengan que aprender.

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