Circo del Sol siente 'Alegría'

  • El Martín Carpena se convierte desde hoy y hasta el domingo en el 'hogar' de un espectáculo que se propone acercar juventud y poder a golpe de emoción y acrobacias

Un miércoles cualquiera a las 13:30 adentrarse en el Palacio de Deportes Martín Carpena no suele deparar sorpresas. Sin vida o con la sola presencia de técnicos. Pero ayer no fue un día cualquiera. El centenar de personas que ocupa el centro de deportes bien podrían pasar por un equipo de deportistas de elite. Y en cierto modo lo son. La diferencia se llama Circo del Sol. Los 55 artistas (junto a otros tantos profesionales de mantenimiento, vestuario, luz y sonido) que se subirán desde hoy y hasta el domingo a su escenario volverán a demostrar en Málaga que lo suyo no es solo virtuosismo acrobático. Alegríase acercó ayer a la prensa para abrir las entrañas de su familia. Y delante y detrás del escenario la capacidad de asombro es prácticamente la misma.

Mientras Tyler Black gira -o más bien vuela- dentro de una anilla metálica, los periodistas se afanan en apuntar las cifras de un montaje que habla por sí solo en imágenes. La vista se va detrás de las explicaciones de Genevìeve Laurendeau y se detiene en un atleta convertido por momentos en una estela de su anatomía. Le toca a él ensayar durante una hora su número: La Rueda Cir. Su simple imagen marea. En un alarde de equilibrio y precisión rueda sin pausa dentro de un círculo como si no existiera la gravedad. El primer ejemplo de cómo en este club de prodigio lo imposible se vuelve fácil.

De vuelta a la realidad, las cifras del espectáculo siguen mareando. Los nueve números de Alegría se harán desde hoy realidad gracias a doce set de altavoces, 60.000 kilos de estructura metálica, y más de 400 atuendos que incluyen, además, 300 pares de zapatos hechos a mano, 100 pelucas, 22 máscaras creadas sobre moldes que reproducen el rostro de los artistas y 200 trajes de épocas. Cada vestuario de los dos cantantes incluye más de 200 joyas cosidas a mano.

Después de 15 años bajo carpa, Alegría se embarcó en 2009 en un nuevo viaje que le lleva a pabellones de Estados Unidos, Canadá y ahora España. Con ocho músicos en directo se mueve entre el jazz, pop, tango y klezmer. Con idea de reproducir una troupe de músicos itinerantes, la banda utiliza instrumentos como el acordeón con el contrapunto de los arreglos con sintetizador . "La banda sonora de Alegría es el disco que mas vende del Cirque du Soleil", explica Bruno Darmagna, director artístico. "Mi trabajo es controlar que la filosofía de Alegría no se disperse. Después de cada número, tomo nota y corrijo", detalla. Cuando habla de la filosofía del montaje se refiere a una lucha por el control de un territorio que se acaba de quedar sin rey. "Se pelean dos generaciones y desfilan diferentes tipos, desde un ángel hasta a un mendigo, todos decididos a cambiar las cosas", comenta Darmagna.

Mientras tanto, a sus espaldas una nueva muestra de genialidad artística vuelve a concentrar las miradas de los periodistas. Sasha vuela literalmente colgado de una cuerda elástica. Por algo su número se llama El hombre volador y en él se combina la elasticidad del benji con la potencia de las anillas.

Sin salir del asombro, los invitados pasamos al backstage, convertido en una sala de entrenamientos. Una decena de artistas ensaya por turnos el número de las Barras rusas. Son rusos y ucranianos y parecen llevar el equilibrio en su adn. Sobre finas barras flexibles lanzan a los acróbatas al aire en múltiples piruetas a velocidad vertiginosa. A su alrededor, una acróbata duerme, otra entrena en una bicicleta elíptica y otro compañero realiza equilibrios de mano suspendido sobre una barra. Ante el paso comedido de fotógrafos, uno de ellos exclama en un español forzado "¡Tranquilo amigo!", y esboza una sonrisa cómplice.

El recorrido por la trastienda continúa y se abre otro espacio habilitado como sala de costura y planchado. La plantilla de vestuario incluye a cuatro miembros permanentes y 2 ó 3 empleados contratados en cada ciudad. La gira de Alegría lleva lavadoras y secadoras propias y "un camión y medio sólo para el atuendo", comenta Laurendeaue. Como el resto del engranaje, el vestuario está medido milimétricamente "para aportarles la máxima seguridad a los artistas", recuerda la jefa de marketing. "200 horas lleva hacer un vestido de pájaro", apunta como dato.

Con una gigantesca cúspide y decorado con columnas y balaústres, la escenografía de Alegría pretende simbolizar instituciones de poder. Una serie de rampas en espiral a ambos lado conducen hacia abajo, emulando lo desconocido, y la iluminación esta diseñada para reflejar una suerte de salón de baile de una corte del siglo XVII.

"Aquí quien tiene la última palabra es el artista. Si hay algo que no le da seguridad se cambia", explica Laurendeau. Tras convivir durante dos horas entre seres que pasan más tiempo en el cielo que sobre la tierra, el visitante regresa al mundo real con un pedazo de Alegría en su imaginario. Y la misma sensación que en anteriores propuestas del Circo del Sol: algo único puede pasar hoy.

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