Arte

Claudine o la pintura

  • Gloria Martín realiza, en la sala Espacio Emergente de Unicaja, una serie de juegos y desdoblamientos espaciales que reformulan algunos de los recursos seculares de la pintura

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No sé si la idea de la pintura como dintel ha sido formulada alguna vez. Me refiero a que el cuadro, al que tradicionalmente se le consideró "cuadro-ventana" por cuanto su simulada condición de apertura en el muro hacia otro espacio -llamémoslo- exterior y distinto al que el espectador como tal ocupaba, ha pasado a convertirse en esta Casa de Claudine en una suerte de dintel que no separa ni distingue, sino que comunica y relaciona el espacio propiamente pictórico con el expositivo. Gloria Martín lo ha hecho posible gracias a un desdoblamiento de lo pictórico, a un juego cruzado de referencias (a un lado y a otro, en el lienzo y en la sala), a una exacerbación del carácter especular de la pintura y, sobre todo, a que en este proceso, La casa de Claudine no sólo es una suma de cuadros sino un ambiente.

Resulta que ese espacio para la representación que es la pintura toma forma, o se manifiesta, a ambos lados del soporte bidimensional que es el cuadro, de ese, ahora y aquí, dintel que los comunica y les da continuidad. Las sogas que acotan e impiden el paso, los biombos, las paredes decoradas con franjas de colores o incluso un canapé para tomar asiento aparecen paralelamente tanto en lo pictórico como en el espacio de la sala hasta propiciar el conflicto (afloran y se quiebran dialécticas como dentro/fuera, interior/exterior, espacio percibido/espacio representado o real/ficticio), al tiempo que indaga en la pintura como origen y generadora, a pesar de su condición ficticia, de un mundo manifestado fuera del lienzo como tangible.

Las estancias de Claudine parecen exceder los límites de la tela para tomar la sala, de modo que introducirnos en ella supone acceder a ese universo, participando de él -habitando en cierto modo- aunque se nos vete en ocasiones (sogas que cortan el paso, cortinas a medio descorrer, telas cual telones, biombos, tabiques interpuestos) la total capacidad para conocer, desvelar y discernir lo que se oculta -si es que se oculta algo-, o lo que no se nos da, en esos ambientes fríos, vacíos, depurados, casi impersonales e indudablemente metafísicos: son de un silencio, una ausencia y una placidez inquietantes y siniestras (en la acepción de lo familiar que deja de serlo y deviene extraño).

Todo lo pintado aparece sin nombrar y resulta esquivo y misterioso: los cuadros con cartelas vacías, algunas pinturas vueltas, los lomos de los libros sin titular, el calendario sin mes alguno. A cambio, Martín presenta un políptico como universo objetual; unos veinte objetos que, como indicios, podemos colocar en los distintos ámbitos que nos ofrece tanto como perfilar a esa supuesta moradora huidiza -somos la casa que habitamos- que responde al nombre de Claudine.

Martín realiza una serie de juegos y desdoblamientos espaciales que reformulan algunos de los recursos seculares de la pintura. En ellos no se atisba parodia alguna, más bien planteamiento sesudo y compleja estrategia. Aunque hace uso del cuadro dentro del cuadro, aquí también pasa a ser el cuadro fuera del cuadro, ya que en muchos de sus interiores sólo quedan las marcas, como huellas, de cuadros que estuvieron colgados, mientras que éstos aparecen fuera, yuxtapuestos en la pared de la sala y en la misma disposición que en esas estancias impersonales que acaso parecen reproducirse y expandirse.

Lo que subyace en todo este conjunto es el no-darse de la pintura, la imposibilidad en ocasiones de su aprehensión, la capacidad de ésta para en lugar de legarnos una imagen precisa, finita y satisfactoria nos ofrezca un retrato inasible. Tal vez de ahí y como metáforas nacen esas cesuras e intersticios que actúan como ámbitos de ininteligibilidad, ocultación e inaprehensión (biombos, tabiques, cuadros que dan la espalda, separaciones y divisiones de la misma habitación).

A Gloria Martín, quien con esta exposición sigue un proceso de consolidación de lo que podríamos llamar una poética propia, cabría preguntarle por Claudine. ¿Quién es? ¿Somos nosotros que venimos a ocupar su casa?¿Es la pintura que se manifiesta de modo autorreferencial y esquivo? Claudine, bonito nombre para la pintura.

Gloria Martín. Unicaja Espacio Emergente. Dr. Manuel Pérez Bryan, 3-2ª planta, Málaga. Hasta el 6 de marzo.

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